Una mañana en Tolombón con Paco Puga: vinos e historias

Llegar a la bodega de Francisco “Paco” Puga en Tolombón no es solo entrar a un espacio de elaboración: es meterse en la vida de un enólogo que eligió construir su propio camino, rodeado de familia, recuerdos y sueños. Una picadita improvisada, seis vinos sobre la mesa y dos horas de charla fueron suficientes para entender que acá lo auténtico no se negocia.

La llegada

Llegué a la bodega, junto a mi esposa, un poco antes del mediodía, cerca de las 11:30. Al llegar el imponente pórtico, que perteneció a la iglesia local, te abraza como señal de bienvenida. Paco nos recibió con esa calma típica del valle y enseguida nos acomodamos para compartir la visita.

Primero recorrimos la propiedad, que la adquirió en 2022, y se trataba de una construcción de adobe, con techos bajos y columnas que no permitían una buena distribución. Todavía se nota que la va remodelando de a poco, pero en estos años logró ir acomodando los espacios para instalar su lugar de trabajo: hasta entonces elaboraba sus proyectos alquilando bodega. Ese detalle habla de la perseverancia y la paciencia de alguien que nunca dejó de soñar con tener su propio lugar.

El lugar cuenta con un espacio para degustaciones, un lindo patio con un roble de 90 años y una pequeña viña que había plantado Antonio Cabezas, icónico viñatero artesanal de la región quien fuera el anterior dueño de la propiedad.

El símbolo y la familia

Una de las paredes, que da al patio exterior, tiene un gran vitreaux con el logo de la bodega. Cuando le pregunté por el mismo dijo «primero se diseñó el logo y luego el vitreaux». Tal como cuenta Ángel Ramos en su post sobre Bodega La Ancestral, el logo tiene cuatro puntos rojos que simbolizan a sus padres y a sus suegros; el verde, que atraviesa todo, es la vida agrícola que enlaza generaciones; y los cuatro rombos representan a sus hijos y, a la vez, a los cuatro puntos cardinales que les marcan el rumbo. Ese emblema resume muy bien lo que Paco transmite: una vida donde la familia y el vino son inseparables.

Los vinos

La degustación empezó con el Corte de Blancas 2024, un blend audaz de Torrontés, Chenin y Sauvignon Blanc criado bajo velo en huevo de cemento, sin sulfitos. Fresco, vibrante, con aromas florales y una textura muy particular.

Siguió el Malcrío 2025, hecho junto a su hija Valentina —que eligió estudiar enología—, con predominio de Criolla de Tolombón en esta cosecha (la anterior, 2024 era 70% MALbec y 30% CRIOlla). Son apenas 900 litros elaborados, que buscan acercar a los jóvenes al vino. Es un vino sin ninguna cosmética que se muestra con una frescura y ligereza que lo hacen único.

Probamos luego el L’Amitié 2024 de tanque. Un corte que sigo desde su primera cosecha en 2016 y que siempre me pareció fiel reflejo del valle. Es un corte de Malbec de Cafayate y Cachi, más Cabernet Franc de Animaná y un toque de Cabernet Sauvignon de Tolombón. Esta añada aún no salió al mercado, pero promete. Según Paco, L’Amitié tiene un significado muy profundo y personal, ya que marcó el inicio de su proyecto familiar. Busca expresarse con una potencia sutil y aromas complejos y elegantes, sin resignar la identidad de la zona.

El Honorem 2022 fue un momento especial: un blend definido entre todos los integrantes de la familia, que cada año eligen los componentes que más los emocionan. Tiene predominio de Malbec y muchos componentes de diferentes zonas del Valle Calchaquí como Cafayate, Molinos (Salta) y Los Zazos (Tucumán). Tiene una crianza de 18 meses en roble de diversos usos. Son apenas 1300 botellas, y mucho corazón.

Después llegó el Finca Las Carreras 2022 (Molinos), con estructura y gran acidez, un vino redondo, serio, para acompañar comidas largas. Un Malbec elaborado con uvas de la parcela N° 5 de Altupalka, un viñedo de Molinos, a 2590 m.s.n.m. Pasa entre 14 a 16 meses en foudres.

Cerramos con el Altiplano 2021, un corte de Malbecs de cuatro micro-terroirs diferentes: Molinos, Tafí del Valle, Cachi y Cafayate que van desde una altura de 1700 a 2650 m.s.n.m. Un vino con fermentación espontánea con mínima intervension que busca reflejar la diversidad y potencia de los Valles Calchaquíes. Es un vino expresivo, complejo, equilibrado y muy persistente.

La picadita de quesos y fiambres fue el maridaje perfecto para acompañar cada copa, mientras la conversación fluía.

Charlando con Paco Puga en Tolombón

Paco comenzó hablando de sus inicios en San Juan, de donde es oriundo, y su llegada al valle. Cómo, luego de una beca que le permitió perfeccionarse y vinificar en La Bourgogne, Francia, llegó a desarrollar su carrera en grandes bodegas del NOA. Pasó por el INV, El Esteco, Colomé, Amalaya y actualmente como Head Winemaker en El Porvenir de Cafayate.

Además de su gran labor en dichas bodegas, mantiene proyectos con otros colegas de la zona. Por ejemplo, Mugrón y el Tordos, que son vinos que tienen el sello inequívoco del noroeste.

Hablamos de lo difícil que es mantener una estructura estable de costos en Argentina. Los desafíos de hacer vino en el norte (sobre todo conseguir gente en época de vendimia), y también de la libertad que le da tener un proyecto propio. Le brillaban los ojos cuando mencionaba a su hija Valentina y el proyecto Los Pupis (apodo con el que se conoce a la familia Puga en el valle), donde la deja expresarse con total libertad. Se notaba el orgullo de un padre que quiere que la próxima generación haga su propio camino.

Y antes de despedirnos, cerca de las 13:30, me dejó una frase que me quedó resonando:

“Cualquier cosa que necesites me avisas…
mirá que acá en el valle somos todos hermanos”.

Más allá de ser un gran hacedor de vinos (nombrado enólogo del año en 2022 por Tim Atkin), ahí estuvo la mejor definición de Paco: un hombre de una calidad humana enorme.

Brindis con Paco Puga

Esa mañana en Tolombón entendí que los vinos de Paco no son solo fermentaciones y cortes: son familia, territorio y generosidad. Cada botella cuenta una historia, y haberla escuchado en su propia voz es un privilegio que voy a recordar cada vez que descorche una de ellas.

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