Dal Borgo: el Alma de los Andes en los Valles Calchaquíes

Camino a Cachi por la Ruta 40, apenas entrando a Animaná, nos estaba esperando Carla Dal Borgo con las copas listas en la terraza y una vista 360 al valle. Ese día soplaba un viento amable, de esos que despeinan las ideas y te ordenan el ánimo. Probamos todo el portfolio, mientras Carla nos iba contando, con calma y claridad, la historia de una familia que eligió empezar de cero y escribir su propio capítulo en los Valles Calchaquíes.

Llegada y primeras postales

Al ingresar desde la ruta a la propiedad de Bodega Dal Borgo, una amplia calle central entre las viñas te conduce hasta la bodega y el Centro de Visitas y ya anticipa el paisaje pintoresco que después se ve en panorámica desde las terrazas. Hacia el oeste, al final de las viñas, está la propiedad familiar: la construyeron con los años para poder establecerse en el lugar, vivirlo y trabajarlo todos los días.

Vista satelital de la bodega y los viñedos

Entramos al salón restaurante, todo vidriado. Como el día estaba hermoso, Carla preparó la mesa en la terraza para la degustación. Arrancamos por los Almandino jóvenes (varietales) y luego el Reserva trivarietal. El plan era claro: entender el proyecto desde el paisaje y la copa, con una impronta muy marcada de respeto por la Pachamama, algo que Carla repitió más de una vez.

La historia

La familia es salteña. Estudiaron y vivieron en Córdoba hasta que su padre, dedicado a la construcción, decidió cerrar su negocio por problemas de salud y replantear el futuro con un proyecto común. Como me dijo Carla, casi como una brújula:

“Tenía que ser un proyecto en el que la naturaleza esté en el medio, para convencernos un poco de regresar a Salta”.

En 2010 compraron las tierras en Animaná con una condición muy simple y muy profunda: si al perforar había agua, seguían adelante. Hubo agua. Plantaron en 2012, levantaron la bodega en 2016 y 2017 fue la primera añada propia. El nombre ALMANDINO lo eligió Isabel, la madre, por el mineral rojizo que es parte de la composición de las rocas de las Sierras de Quilmes; de ahí también el juego de palabras con el nombre: “El Alma de los Andes”. Hoy Carla (bióloga) lleva la voz cantante; su hermano Facundo (ingeniero agrónomo) cuida el viñedo.

El viñedo y el lugar

Están a 1.700 m.s.n.m., con un predio de 20 hectáreas plantadas: Malbec como cepa dominante (unas 12 has.) y también Tannat, Cabernet Franc, Torrontés y Sauvignon Blanc. Conducción en espaldero para tintas y parral para blancas y un sistema de riego por goteo en todo el viñedo. De la producción total de uva, aproximadamente el 20% se vinifica y el 80% se vende a productores de la zona. Todo a los pies de las Sierras de Quilmes, que desde la terraza se ven como un anfiteatro que enmarca la escena.

La degustación (mi cuaderno de notas)

  • Almandino Sauvignon Blanc 2023
    Cosecha en la 2.ª y 3.ª semana de enero. A pesar de la añada, sorprende la gran acidez. Fresco, con notas vegetales y ruda bien presente en el retrogusto. Me gustó mucho.
  • Almandino Torrontés 2023
    Carácter calchaquí para la uva autóctona. Flores blancas, durazno y cítricos. Ideal para empanadas salteñas.
  • Almandino Malbec Rosé 2023
    Color intenso (lejos del estilo Provenza), frutilla al frente. Muy refrescante… y peligroso por lo tomable.
  • Almandino Malbec 2022
    Muy buena expresión varietal. Ciruela, especias, taninos amables y dulces. Buen equilibrio entre acidez y alcohol (14,8%).
  • Almandino Cabernet Franc 2022
    Mi debilidad. Mucha expresión frutal con pimientos, hierbas y un fondo mentolado que se agradece. En boca, suavidad y elegancia.
  • Almandino Tannat 2021
    Fruta negra, especias y mineralidad. Mucha estructura y potencia que se equilibran con la acidez natural. Ideal para un plato potente.
    Premio: Medalla de Plata en Guarda14 (2024).
  • Almandino Reserva Blend 2019
    75% Malbec, 15% Tannat, 10% Cabernet Franc. No es solo corte de cepas: también de barricas de 1º, 2º y 3º uso. Cada cepa pasa 12–15 meses por separado y luego se hace el assemblage en roble francés (tostado medio a bajo). En nariz, complejidad que se abre por capas; en boca, sedoso, bien domado y persistente.
    Premio: Gran Oro en Guarda14 (2023).
    Con este vino en la copa salimos a recorrer la viña y la bodega.
Almandino - Bodega Dal Borgo

Pachamama, sustentabilidad y turismo

Carla lo subrayó varias veces: respeto por la Pachamama. Los restos de vinificación y de poda vuelven a la tierra para cerrar ciclos, y con los años fueron armando su propio compost. No es solo gestión de residuos: es agradecimiento a la naturaleza que tanto les da.

La bodega cuenta con certificación de Sustentabilidad otorgada por Bodegas de Argentina.
Está abierta al turismo de miércoles a domingo, con degustaciones y servicio de Wine Bar con vista panorámica. Es uno de esos lugares donde la copa y el paisaje conversan sin apuro.

Producción y comercialización

Hoy elaboran alrededor de 30.000 botellas/año y cuentan con uva y capacidad para unas 80.000. Van de a poco, cuidando el crecimiento. Comercialmente, el núcleo fuerte es Salta y luego Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Aún no piensan en exportar: prefieren consolidar el proyecto en casa antes de salir.

Gente, oficios y detalles que cuentan

La enología está a cargo del cordobés Daniel Heffner, instalado en los Valles Calchaquíes desde 2008, después de afianzar su carrera en Mendoza. Con él trabajan en conjunto y con todas las cartas sobre la mesa para lograr los objetivos propuestos.

La obra de la etiqueta del Reserva es un acrílico sobre lienzo de Laura Asaro, artista marplatense a quien le encargaron dos obras: una se usa en los reserva blend y otra cuando sale un reserva varietal. Ambas están expuestas en la bodega. La etiqueta se pensó en una sola plancha, sin contraetiqueta, con datos verticales para no “escribir arriba” del cuadro y respetar la obra.

Con Carla Dal Borgo y las obras originales de Laura Asaro

Las etiquetas de la línea joven juegan con un diseño geométrico que evoca la composición rocosa de las sierras, con paletas que acompañan al color predominante de cada cepa y el rojo del almandino como denominador común.

Lo que me llevé

Porque acá todo dialoga: el camino entre viñas, la terraza, la familia detrás de cada botella. Hay una épica silenciosa en plantar, esperar, aprender y recién después embotellar. Y cuando mirás las Sierras de Quilmes desde la copa entendés que estos vinos están hechos con paciencia… y paisaje.

Salimos a la Ruta 40 con esa sensación linda de haber entendido un proyecto por adentro: familia, trabajo y un valle que pide ser contado, una copa a la vez.

Quiero agradecer a Carla por recibirnos con tanta calidez, y a Sol Depresbítero (prensa de la bodega) por facilitar la conexión y coordinar la visita.

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