Fermentos y encantamientos: Magia y Vino en Mesopotamia y Babilonia

Hoy viajamos unos cuantos miles de años hacia adelante desde el Génesis chamánico para hacer escala en las primeras grandes civilizaciones: Mesopotamia y Babilonia, donde la magia ya era materia seria y el vino, símbolo de lujo y rito.

Magia y Vino a través del tiempo – Cap. 2

Como anticipé en la presentación de esta serie y comencé a desarrollar en el primer capítulo, mi idea es explorar el mágico maridaje entre dos pasiones que me acompañan hace años: el arte del ilusionismo y el universo del vino.

Magia para sanar, proteger y controlar

En las antiguas ciudades mesopotámicas —Ur, Nippur, Babilonia— convivían dos figuras claves: los āšipu (hechiceros de templo) y los asû (sanadores), algo así como los magos oficiales del sistema. Estos tipos no eran artistas de la distracción: usaban conjuros para curar enfermedades, alejar espíritus malignos, interpretar sueños o calmar a los dioses (ver imagen de portada tomada de StudiaRapido.it).

Las tablillas de arcilla escritas en cuneiforme (sistema de escritura antiguo) conservan hasta hoy miles de encantamientos que en su tiempo se recitaban en voz alta, a veces con gestos, amuletos o pociones. Por ejemplo, en el Manual de Magia Mesopotámica (Scurlock, 2006), se describen rituales donde se usaban figuras de arcilla para transferir el mal de un enfermo a un objeto, que luego era destruido. Y atención, que la magia no era solo un asunto religioso: también estaba legislada. El famoso Código de Hammurabi (siglo XVIII a.C.) incluye penas para quienes usaran “hechicería destructiva”. O sea, en Babilonia ya existía una proto-ética mágica.

El vino: bebida de dioses y templos

En paralelo a los conjuros mesopotámicos, el vino comenzaba a hacer su entrada en la historia. Aunque en esa zona del mundo la estrella era la cerveza (kaš, en sumerio), el vino empezaba a diferenciarse por su valor simbólico, religioso y elitista. No era para cualquiera. El proceso para obtenerlo era más complejo y costoso, así que quedaba reservado a ceremonias, templos y mesas de poderosos.

Según Patrick McGovern, referente mundial en arqueología molecular del vino, en su libro Ancient Wine: The Search for the Origins of Viniculture (2003), el vino llega a Mesopotamia desde la región montañosa del Cáucaso y Zagros (actual Irán, Armenia, Georgia), y se lo adoptó como bebida ritual. En excavaciones en Godin Tepe (Irán), por ejemplo, se encontraron jarras selladas con trazas de ácido tartárico, un marcador químico clave para identificar vino fermentado.

Imagen de ParolaSuonoColore

¿Y con qué lo hacían? No era con las uvas que tomamos hoy. En ese entonces, se usaba probablemente una variedad silvestre de Vitis vinifera, conocida como Vitis vinifera sylvestris. Las bayas eran más chicas, con menos azúcar y más tanino. El proceso era artesanal: machacado a pie o con prensas rudimentarias, y fermentado en tinajas de barro llamadas amphorae, muchas veces enterradas parcialmente para controlar la temperatura. Sin levaduras seleccionadas ni control microbiológico, el resultado debía ser fuerte, algo turbio… y profundamente simbólico.

En textos sumerios y acadios se menciona al vino en contextos de libaciones: antes de beber, se derramaba parte del contenido como ofrenda a los dioses. Esa conexión entre lo terrenal y lo divino a través de una copa es un gesto que, con matices, todavía sobrevive. ¿O no es mágico brindar con alguien y mirar a los ojos?

El punto de encuentro: embriaguez ritual y poder simbólico

La conexión entre Magia y Vino en Mesopotamia y Babilonia se hace evidente al observar los banquetes rituales y las ceremonias de invocación. En muchos casos, eran los mismos āšipu quienes dirigían estos actos sagrados. Su rol como mediadores entre el mundo humano y lo divino encontraba en el vino un vehículo simbólico para alcanzar planos más altos de conciencia.

El acto de beber no era simplemente físico: era espiritual. Se creía que el vino facilitaba el contacto con lo invisible, con los dioses, con lo misterioso. Una embriaguez que no solo alteraba los sentidos, sino que los alineaba con lo trascendente.

¿Acaso no sentimos algo parecido cuando una copa de vino nos envuelve y nos lleva a lugares internos difíciles de explicar? Además, en ocasiones el vino se combinaba con hierbas o sustancias que intensificaban su efecto ritual, en un terreno donde la magia y la medicina se cruzaban con naturalidad.

Curiosidades de Magia y Vino en Mesopotamia y Babilonia

  • En las tablillas del Palacio de Mari (Siria), se mencionan envíos de vino al palacio del rey como tributo religioso. [fuente]
  • Algunos conjuros incluían frases como “que el mal se disuelva como el vino en el río”, lo cual muestra su simbolismo. Este tipo de fórmulas aparecen en colecciones de rituales como el Šurpu, un texto babilonio de exorcismo.
  • Hay quienes sostienen que la raíz de la palabra “sacrificio” podría derivar no solo de sacer (sagrado) y facere (hacer), sino también de prácticas rituales como la libación con vino fermentado. [fuente]

Próximo destino…

En el próximo capítulo nos espera Egipto, donde el vino fue bebida de faraones y la magia se institucionalizó al punto de tener manuales mágicos oficiales. Spoiler: también hay momias con trazas de vino.

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@magiayvino | El arte de brindar con ilusión

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