Segunda Guerra Mundial: espías, vino y mentalismo
Entre sirenas antiaéreas y mapas con flechas que avanzan y retroceden, las bodegas se vuelven búnkeres, los sommeliers contrabandistas discretos y los magos expertos en camuflaje. En la guerra total, el vino y la magia también juegan su propia guerra de sombras.
Magia y Vino a través del tiempo – Cap. 26
La Segunda Guerra Mundial no aparece de la nada. Es la continuación oscura de una Europa que nunca terminó de cicatrizar la Primera Guerra: crisis económica, humillación alemana por el Tratado de Versalles, inflación descontrolada, resentimiento social. En ese caldo de cultivo crecen el nazismo y el fascismo, la idea de “espacio vital” y la carrera armamentista. La invasión alemana a Polonia en 1939 y la caída de Francia en 1940 terminan de encender la mecha: el continente entero se convierte en un tablero de guerra total, donde hasta una botella de vino o un simple juego de manos pueden entrar en la estrategia.
Cuando pienso en la Segunda Guerra Mundial, las primeras imágenes que se me vienen a la cabeza son las del imaginario clásico: Londres bajo el bombardeo de la Alemania nazi (el Blitz), columnas de tanques cruzando Europa, telegramas con códigos imposibles, Churchill mirando mapas y el mundo ardiendo. Pero si afino la mirada —esa mirada de mago que busca el detalle oculto— aparecen otras escenas, mucho menos difundidas: monjes de Borgoña abriendo puertas secretas en túneles medievales, alemanes midiendo la temperatura de las cavas de Champagne, bodegueros cambiando etiquetas, un mago británico disfrazando ejércitos enteros en el desierto, y otro mago, alemán, haciendo aparecer copas ante Hitler y Goebbels.

Este es un capítulo incómodo, sí, pero también uno de los más fascinantes del recorrido. El vino fue botín, escudo, coartada y a veces salvoconducto. La magia, arma táctica, propaganda y entretenimiento político. Y en ese cruce —a veces luminoso, a veces perturbador— está la historia que me toca contar hoy.
“Adolf Hitler era vegetariano, abstemio y no fumaba. Sin embargo, sentía una profunda obsesión por rodearse de arte y buenos vinos franceses.”
Pedro Escobar – BuenosVinos.org
El vino europeo bajo ocupación
Entre 1939 y 1945, cuando Francia cae y Europa entra en su fase más oscura, el mapa del vino queda ocupado casi por completo. Los nazis no solo requisaban oro y arte: también montaron un sistema muy preciso de saqueo de vinos. Para eso nombraron weinführer —jefes del vino— en Borgoña, Champagne y Burdeos. Estos oficiales uniformados, tal como relatan Don y Petie Kladstrup en La guerra del vino, censaban bodegas, fijaban cupos y decidían qué barricas viajaban a Berlín y cuáles se quedaban.
La respuesta francesa fue una mezcla de astucia, coraje y pura inventiva:
• paredes falsas levantadas en una noche,
• botellas enterradas bajo tierra,
• túneles medievales reactivados como escondites,
• e incluso trenes cargados de vino que la Resistencia saboteaba.
El objetivo no era solamente abastecer a los soldados: la élite nazi armó, botella a botella, auténticos tesoros líquidos con lo mejor de Francia. Como recuerda Pedro Escobar en su nota “Hitler, el dictador abstemio que amaba los buenos vinos”, Hitler era personalmente abstemio, pero se obsesionó con rodearse de arte y grandes vinos franceses, mientras jerarcas como Hermann Göring llenaban sus cavas con Burdeos, Borgoñas y Champagne saqueados.
Borgoña: túneles, monjas y un escape digno de Houdini
Si hay una historia que parece escrita por un ilusionista, es la de Maurice Drouhin, de la histórica Maison Joseph Drouhin en Beaune. Bajo el casco antiguo de la ciudad se extiende un laberinto de cavas medievales que conecta incluso con los pasillos del legendario Hospicio de Beaune, del que hablamos en el capítulo sobre la Corte Francesa.

En 1940, advertido de que la Gestapo iba a detenerlo, Maurice escapa por un pasadizo oculto detrás de su habitación y se interna en ese laberinto. Cruza túneles, toma desvíos y sale por una puerta secreta que desemboca en el Hospices, donde las monjas lo esconden durante meses.
Un escape real con la dramaturgia de un número de escapismo:
la Gestapo golpeando una habitación vacía, un protagonista que ya se esfumó por un “doble fondo” de piedra, y una ciudad silenciosa sosteniendo el truco.
Mientras tanto, bodegas como Drouhin, Bouchard Père & Fils, Faiveley y productores de la Côte de Nuits montan muros falsos, profundizan túneles y esconden sus grands crus detrás de paredes que no son lo que parecen. Borgoña entera se transforma en una ilusión arquitectónica.
Champagne: burbujas requisadas y etiquetas que mienten
En Champagne, el choque es todavía más frontal. La región queda bajo la autoridad del weinführer Otto Klaebisch, un alemán meticuloso, obsesionado con requisar enormes cantidades de Moët & Chandon, Veuve Clicquot, Pol Roger, Bollinger y otras casas icónicas.

Enfrente tiene al conde Robert-Jean de Vogüé, presidente de Moët, que juega un doble juego: negocia oficialmente y, a la vez, colabora con la Resistencia. El conde formó, en 1941, una unión de bodegas, el CIVC (Comité Interprofessionnel du Vin de Champagne), que supervisa el comercio de la región hasta la actualidad, y convenció al weinführer para que redujera las cuotas, aliviando así la escasez de materias primas y permitiendo que la región vinícola siguiera funcionando.
Los champenois responden con lo que mejor saben hacer:
- esconder los mejores millésimes en niveles profundos de las cavas,
- mandar vinos jóvenes simulando grandes añadas,
- alterar inventarios,
- levantar muros falsos,
- y aplicar pequeñas humillaciones simbólicas, como “Madame Lily” Bollinger sentando al weinführer en una silla diminutamente baja.
Champagne se convierte en un gigantesco juego de etiquetas que no dicen toda la verdad.
Burdeos: los crus classés bajo asedio
En Burdeos, los grandes nombres están en la mira desde el primer día: Château Lafite Rothschild, Château Mouton Rothschild, Château Margaux, Latour, Haut-Brion.
Varias propiedades de familias judías son confiscadas. En otras, los alemanes usan los châteaux como residencia o cuartel. Se levantan muros falsos en una noche, se esconden botellas en sótanos sellados, se inventan inventarios ficticios. Muchos lotes desaparecen rumbo a Berlín.

Cuando los aliados entran en la cava de Göring, encuentran Burdeos con etiquetas arrancadas, mezcladas o reescritas. La historia del vino europeo, comprimida en una colección clandestina.
«Esta es la colección privada de Hermann Göring, robada por el Ejército Rojo de Berlín en 1945»
Alexandru Alexeev, Director de marketing de Bodega Cricova, Moldavia – BBC


Fotos de TravelRo – Cricova (Moldova)
Magia en el frente aliado: Jasper Maskelyne y la “Magic Gang”

Mientras las bodegas francesas juegan al ilusionismo material, en Egipto un ilusionista profesional hace lo propio a escala militar. Jasper Maskelyne, heredero de una familia de magos británicos, se enrola en el ejército y termina en la unidad de engaño A Force.
Con un equipo de ingenieros y artistas, la célebre Magic Gang (Banda mágica), Maskelyne participa en:
- construcción de tanques falsos de madera y lona,
- creación de ciudades nocturnas ficticias con juegos de luces,
- un “puerto fantasma” para desviar bombardeos de Alejandría,
- camuflaje masivo previo a la batalla de El Alamein.

Parte de su historia se volvió mito y exageración —algo muy propio del mundo de la magia—, pero el concepto es perfecto: un mago de teatro aplicando misdirection a escala continental.
El mago del Tercer Reich: Kalanag y el lado oscuro del escenario
En el otro extremo del tablero aparece Helmut Schreiber, alias Kalanag, un mago alemán profundamente alineado al régimen nazi. Presidente del Magischer Zirkel (Círculo Mágico de Alemania), productor cinematográfico y miembro del partido, Kalanag actúa en 1944 para Hitler y Goebbels en el Berghof, la residencia alpina del Führer.
Los relatos cuentan dos semanas de espectáculos privados: desapariciones, apariciones, producción de copas y bebidas para la cúpula del poder. Mientras Francia escondía botellas para que no terminaran en manos de Göring, un mago hacía aparecer copas delante de quienes ordenaban ese saqueo.
Tras la guerra, Kalanag logra reinventarse como un gran ilusionista internacional, haciendo “desaparecer” —esta vez sí— su propio pasado político.
Mentalismo estratégico: del Día D a un joven llamado David Berglas
Si uno mira la guerra con ojos de mentalista, el gran truco no es hacer desaparecer cosas, sino instalar una idea en la cabeza del enemigo. El ejemplo máximo es el Día D. Antes del desembarco en Normandía, los Aliados montan una operación de engaño gigantesca llamada Bodyguard, cuyo corazón es Operación Fortitude: un ejército fantasma en el sur de Inglaterra, tanques inflables, pistas falsas y radio-tráfico inventado para convencer a los alemanes de que el ataque principal sería en Paso de Calais y no en Normandía. Durante semanas, la inteligencia alemana sigue esa ilusión y mantiene tropas lejos del verdadero frente. Es mentalismo a escala continental: construir una historia verosímil y lograr que el enemigo actúe como si fuera cierta. [fuente: Wikipedia – Operación Fortitude]
En paralelo, hay biografías que parecen escritas por un guionista de magia. David Berglas, nacido en Alemania en una familia judía, escapa a Inglaterra y, con apenas 19 años, entra al servicio de inteligencia del ejército norteamericano gracias a su dominio del alemán. Sirve unos 18 meses al final de la guerra, decodificando mensajes y colaborando en tareas de contrainteligencia, antes de convertirse, ya en tiempos de paz, en uno de los mentalistas más influyentes de la televisión británica. Décadas después, cuando uno lo ve hacer lecturas de mente y coincidencias imposibles, es difícil no pensar que su primer gran laboratorio de psicología aplicada fue precisamente la guerra. [fuente: Wikipedia – David Berglas / Spyscape – “David Berglas: The magician who helped US intelligence defeat the Nazis” / The Magic Circle]

Argentina y las sombras largas de la guerra
Vista desde Buenos Aires, la Segunda Guerra parecía lejana, pero dejó marcas concretas. Argentina se mantuvo neutral casi todo el conflicto y recién declaró la guerra al Eje en 1945, cuando Europa ya estaba en ruinas. Mientras Francia y Alemania ardían, el vino argentino siguió otro ritmo: mercado interno fuerte y apenas algunos envíos ocasionales a mercados del norte de Europa —como Suecia— que, por la escasez de vinos europeos, miraron momentáneamente hacia el sur.
La posguerra trajo ecos más complejos. Uno de los criminales nazis más buscados, Adolf Eichmann, llegó al país con identidad falsificada como Ricardo Klement y trabajó en la zona norte del Gran Buenos Aires hasta que, en 1960, un comando del Mossad lo capturó y lo llevó a Israel para ser juzgado. Argentina quedaba así, involuntariamente, dentro del mapa final de la guerra. [fuente: Wikipedia – Operación Garibaldi]
Pero también hubo herencias luminosas. El mismo Robert-Jean de Vogüé, que en Champagne había resistido al weinführer durante la ocupación, llegó a Mendoza a fines de los años 50 junto al enólogo Renaud Poirier buscando nuevos terruños para espumantes. De ese viaje nació, en 1960, Chandon Argentina, la primera filial de Moët fuera de Francia y un hito que conectaba —de la manera más inesperada— la Europa devastada por el conflicto con los viñedos al pie de la cordillera. [fuente: ASEUNIV – Chandon]
Curiosidades
- Winston Churchill tenía una fidelidad absoluta por una única casa de Champagne: Pol Roger. Según registros familiares, bebía una botella por día durante gran parte de su vida adulta, y mantuvo correspondencia con Odette Pol-Roger incluso durante la guerra. Tras su muerte, la maison colocó una franja negra en todas las etiquetas vendidas en el Reino Unido en señal de luto. [fuente: The Drinks Business]
- Durante la guerra, la empresa Bicycle fabricó mazos especiales destinados a prisioneros aliados: al humedecer las cartas, cada mitad se separaba y revelaba fragmentos de un mapa real para planear fugas. Un truco digno de un ilusionista aplicado al espionaje militar. [fuente: ComputerHoy]
- A David Berglas es a quien se le atribuye la creación del efecto ACAAN (Any Card At Any Number) también conocido como el «Berglas Effect»: una carta elegida aparece en una posición elegida en una baraja. [fuente: Vanishing Inc. – The History of ACAAN]
- En la Conferencia de Yalta (febrero de 1945), donde Churchill, Roosevelt y Stalin discutieron el reparto del mundo de posguerra, la intendencia británica llevó un arsenal líquido impresionante: centenares de botellas de whisky, jerez, ginebra, vino del Rin, vermut y champán para abastecer a delegaciones y oficiales. La logística del alcohol fue casi tan minuciosa como la de los mapas militares. [fuente: Jot Down – “Ciento once datos sorprendentes de la Segunda Guerra Mundial”]
Si recién llegás a la serie…
No te pierdas los capítulos anteriores, donde venimos haciendo un recorrido de la historia del vino y de la magia. Acá encontrarás el índice completo.
Lo que viene…
Después de este capítulo —entre bombas, cavas, magos infiltrados y vinos escondidos— la historia pega un giro hacia un linaje que marcó la magia de escenario del siglo XX: Okito y Fu-Manchú.
Un puente entre Europa, el exotismo teatral y el escenario argentino, donde los grandes aparatos, el ilusionismo orientalista y unas cuantas copas también tuvieron su protagonismo.
🪄🍷
@magiayvino | El arte de brindar con ilusión
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Vengo del mundo IT y encontré en el vino una forma de contar historias, descubrir lugares y compartir experiencias. Me capacité en C.A.V.E. y desde El Vino del Mes escribo sobre vino argentino con una mirada cercana y curiosa. También soy ilusionista, creador de #MagiayVino (@magiayvino), guitarrista y miembro fundador AWB.




