Apps, IA y vinos del futuro

Durante siglos, el vino y la magia parecieron mundos de oficio puro, mano entrenada y experiencia. Pero la tecnología también fue entrando ahí: primero de a poco, después cada vez más fuerte. Hoy, entre apps, algoritmos e inteligencia artificial, esa historia ya forma parte del asombro y de la copa.

Magia y Vino a través del tiempo – Cap. 45

En el capítulo 34, el eje estaba puesto en el ilusionismo digital como lenguaje visible: proyecciones, realidad aumentada, pantallas, sincronización y nuevos maridajes donde la tecnología ya formaba parte de la puesta. Acá el recorrido avanza un paso más. La pregunta ya no es solo cómo lo digital se ve en escena, sino cómo las herramientas informáticas, las apps y la inteligencia artificial se fueron metiendo en el vino y en la magia hasta cambiar su manera de producir experiencia.

Lo que aparece, entonces, no es solo una coincidencia de época. En ambos mundos la tecnología fue entrando para resolver problemas de complejidad: medir más variables, ordenar mejor la información, ampliar el alcance de una experiencia, volverla más precisa o más personal. En un caso, eso sirve para cultivar, elaborar, vender y recomendar. Por el otro, para diseñar, coordinar, ocultar, amplificar y sorprender. [fuente: OIV; Frontiers in Psychology]

Cuando la tecnología empezó a entrar sin pedir permiso

En el vino, ese ingreso no empezó con la inteligencia artificial ni con el celular. Llegó antes, cuando la informática comenzó a meterse en la gestión del viñedo, en el control de la bodega y en la lectura técnica del campo. Si rastreamos el origen de la viticultura de precisión, ese desarrollo arranca fuerte a fines de los años noventa, con aplicaciones más concretas en los 2000, apoyadas en GPS, GIS (Sistema de Información Geográfica), sensores y análisis de variabilidad dentro de una misma parcela. La idea de fondo era simple y poderosa: dejar de tratar todo el viñedo como si fuera homogéneo.

Mike Barrow - Costaflores
Mike Barrow en su viñedo Costaflores haciendo viticultura de precisión – Bodega Open-Source. Foto: costaflores.com

Algo parecido ocurrió en la magia. Mucho antes de hablar de apps, ya existían efectos apoyados en televisión, video, electrónica, sincronización y participación mediada por dispositivos. A comienzos de los noventa, la magia interactiva por televisión ya había ensayado una intuición que hoy parece muy actual: que el público no fuera solo testigo, sino parte activa de una experiencia guiada a distancia. Todavía no había un teléfono inteligente en cada mano, pero la interfaz ya empezaba a comportarse como escenario.

Max Maven lee tu mente y selecciona tu bandera

Durante esa primera etapa, la herramienta todavía no ocupaba el centro del relato. En el vino servía para medir mejor. En la magia ayudaba a montar mejor. Nada de eso hablaba todavía de personalización en tiempo real ni de sistemas que aprenden, pero la puerta ya estaba abierta.

De la herramienta técnica a la experiencia digital

Con el tiempo, la informática dejó de ser solo apoyo interno y empezó a tocar también la experiencia externa. El informe de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) sobre tendencias digitales aplicadas al sector vitivinícola resume muy bien ese cambio: sensorización, inteligencia artificial, almacenamiento inteligente y plataformas digitales ya no operan solo en el viñedo o en la bodega, sino a lo largo de toda la cadena. A partir de ahí, el dato ya no sirve únicamente para registrar; también empieza a conectar procesos, decisiones y formas de presentar el vino. [fuente: OIV]

Línea de tiempo histórica de la automatización en viticultura
Línea de tiempo histórica de la automatización en viticultura – Adaptación de la original en ResearchGate

En magia, ese pasaje de herramienta técnica a capa digital visible había quedado trabajado en el capítulo 34. Allí aparecían proyecciones, tablets, realidad aumentada y toda esa zona donde lo digital ya no solo ayuda a la técnica, sino que entra a escena y se vuelve parte del lenguaje del efecto. Lo importante, ahora, es ubicar ese momento dentro de una secuencia más amplia: primero la tecnología asistió; después empezó a mostrarse; hoy además recomienda, organiza y personaliza.

Botella con QR para convertirla en un NFT

La botella, por su parte, dejó de ser únicamente un objeto físico y empezó a tener una segunda vida digital. Reseñas online, e-commerce, códigos QR, experiencias de realidad aumentada y nuevas exigencias de trazabilidad fueron empujando esa mutación. La Unión Europea marcó un punto importante cuando dispuso que, desde el 8 de diciembre de 2023, las nuevas reglas de etiquetado permitan ofrecer ingredientes y valores nutricionales por medios electrónicos para los vinos obtenidos desde la cosecha 2024. A esa altura, la pantalla ya no era accesorio: pasaba a formar parte de la lectura misma del vino. [fuente: Enolife]

El celular entra en la copa y en la rutina

El gran salto siguiente fue el teléfono. Cuando el smartphone se volvió interfaz cotidiana, cambió también la relación del consumidor con el vino. Vivino es el caso más evidente: su propia página lo presenta como “the world’s #1 wine app”, con más de 70 millones de usuarios, apoyado en escaneo de etiquetas, ratings, recomendaciones y comunidad. De pronto, una góndola o una carta podían empezar a leerse desde el bolsillo.

Una persona utiliza la aplicación móvil Vivino para obtener más información sobre un vino. Imagen de Forbes.com
Imagen de Cellar Tracker

La lógica no se agotó en descubrir vinos. También apareció una nueva relación con la propia colección. CellarTracker se presenta como software de gestión de cava y reseñas, con recomendaciones personalizadas impulsadas por IA, valuaciones de mercado, ventanas de consumo y seguimiento del inventario. Incluso la propia Vivino ofrece funciones para guardar en el perfil los vinos probados y sumar botellas a una “Cellar” (bodega). La cava dejó de ser solo estante físico: empezó a duplicarse en pantalla como memoria, inventario y ayuda para decidir qué abrir.

En magia, el celular produjo un corrimiento equivalente. El teléfono del espectador, que durante años habría podido parecer una distracción o un enemigo del foco, pasó a convertirse en parte de la gramática del efecto. Así aparecen herramientas de participación donde el asombro ya no ocurre solamente en la mano del artista, sino también en la pantalla de quien mira. Por ejemplo, Interactive Trick, aplicación creada por el mago Jonathan Levit, se promociona para magos, mentalistas, conferencistas y presentadores, con la promesa de generar participación total de la audiencia en el escenario, en el teléfono del artista o en los teléfonos del público.

Dentro de ese panorama, también hay desarrollo cercano. Magic Pro Ideas, de los magos argentinos Javier Franco, Leandro Bas y Abril Kaniucki han diseñado y creado apps para profesionales, amateurs y principiantes. Su presencia dentro de este recorrido nos muestra que la incorporación de herramientas digitales al ilusionismo no ocurre solamente en grandes mercados externos: también forma parte de una escena más próxima, donde el teléfono del público ya puede integrarse a la rutina como una extensión natural del efecto.

https://www.youtube.com/watch?v=Lyr3H8CqqmE
App AnyWeb de Magic Pro Ideas

Productos como The Grid o iFLIX, basados en el clásico juego interactivo de David Copperfield, muestran muy bien esa lógica. Ambos proponen experiencias interactivas en los teléfonos de los espectadores al mismo tiempo, con personalización, participación simultánea y uso en vivo o incluso por streaming. El cambio de época se ve ahí más que en el gadget mismo: el dispositivo más cotidiano de nuestra era se volvió soporte legítimo de imposibilidad.

Cuando el sistema ya no solo registra: también recomienda

Hasta acá, la tecnología ayudaba a medir, almacenar, ordenar o ampliar experiencias. Con la IA aparece otra capa: la capacidad de predecir, clasificar, sugerir y personalizar. La nota que publiqué en 2024 sobre inteligencia artificial en la industria vitivinícola ya iba en esa dirección, y varios trabajos recientes la refuerzan: la IA se mete en monitoreo, predicción climática, gestión del agua, fermentación y autenticidad. La informática primero ayudó a registrar; la IA empieza a ayudar a decidir. [fuente: Applied Sciences]

Un ejemplo concreto es ViñAI, publicado en 2025 como metodología para riego deficitario de precisión en viñedos. Ese trabajo propone integrar inteligencia artificial y datos de distintas fuentes para apoyar decisiones de riego en un contexto de cambio climático y uso más fino del agua. En paralelo, una revisión de 2025 sobre fermentaciones comerciales repasa sensores online para seguir variables clave del proceso y alimentar modelos diagnósticos y predictivos. [fuente: Applied Sciences; Fermentation]

Imagen tomada de Gestion.pe

La magia todavía no tiene una industrialización algorítmica comparable a la del vino, pero la IA ya aparece como asistente de diseño y como modelo de interacción. Magic in the Machine planteó en 2014 la idea de un “asistente de mago computacional”, mientras que Generative magic mostró en 2022 cómo la programación por restricciones puede funcionar como herramienta para construir efectos con más libertad aparente para el espectador y mayor control estructural para el mago. No cambia la naturaleza del oficio, pero sí parte de su cocina. [fuente: Frontiers in Psychology; Springer – Constraints]

Imagen figurativa que muestra el diseño de un efecto con soporte de IA

Me parece fascinante que hoy sea la propia inteligencia artificial la que mira a la magia para aprender. Un paper de 2024 sobre conversaciones entre humanos y chatbots identificó principios de magia y psicología aplicables al diseño conversacional, centrados en atención, expectativas, decisiones y memoria, y encontró que las personas preferían interacciones que incorporaban esas lógicas. La vuelta es muy sugerente: ya no se trata solo de magia usando tecnología, sino también de tecnología usando recursos históricos de la magia para volverse más eficaz y más atractiva. [fuente: Frontiers in Robotics and AI]

Como es sabido, mi actividad principal es la tecnología y a veces, cuando paso horas frente a la pantalla desarrollando sistemas, no puedo evitar ver un hilo conductor. Un viñedo lleno de sensores o un algoritmo de bodega son, en esencia, una forma de leer la lógica invisible de la naturaleza. Usar inteligencia artificial es como tener un ojo entrenado que detecta el error en el plan mucho antes de que el vino llegue a la copa. Al final, tanto en la informática como en la enología, el éxito es el mismo: que todo funcione de manera tan fluida que el que disfruta del resultado —sea un usuario o un bebedor— sienta que fue simple, casi natural, sin sospechar nunca la enorme complejidad que hubo que ordenar para que eso sucediera.

Donde vino y magia realmente se tocan

A esta altura, el punto de contacto entre ambos mundos se ve con más claridad. No alcanza con decir que “usan apps” o que “incorporan IA”. Lo que comparten es otra cosa: ambos aprendieron a usar sistemas para traducir complejidad en experiencia inmediata. En el vino, esa complejidad tiene que ver con clima, suelo, fermentación, mercado, inventario y elección. En la magia, con método, timing, participación, información y percepción. La herramienta vale cuando logra que todo eso no pese, sino que se sienta natural.

También aparece una diferencia reveladora. En el vino, muchas de estas herramientas tienden a mostrar más: más datos, más trazabilidad, más contexto y más personalización explícita. Del lado de la magia, en cambio, muchas veces ayudan a ocultar mejor la costura para que la imposibilidad sobreviva. De un lado la app revela; del otro suele encubrir. Sin embargo, la pregunta de fondo termina siendo la misma: cómo intervenir sobre la percepción sin romper la experiencia.

Los vinos del futuro

Mirar hacia adelante, en este caso, no implica caer en un futurismo vacío. Después de décadas de informatización, digitalización, apps y algoritmos, resulta lógico imaginar viñedos cada vez más sensorizados, bodegas más monitoreadas, botellas más trazables y consumidores más asistidos por sistemas de recomendación, inventario y lectura en pantalla. El futuro del vino no parece ir hacia la desaparición del oficio, sino hacia una convivencia más estrecha entre criterio humano y capa digital.

Frasky entre viñedos – Foto: IIT

En esa línea, el futuro del vino ya no se juega solamente en sensores, algoritmos y recomendaciones de pantalla. También empieza a tomar forma en la robótica aplicada al viñedo. Un caso reciente es Frasky, prototipo desarrollado por el Istituto Italiano di Tecnologia (IIT) para navegar de manera autónoma entre hileras, mapear el entorno, detectar racimos y aplicar tratamientos selectivos con mayor precisión. La apuesta combina robótica e inteligencia artificial para enfrentar dos desafíos bien concretos de la viticultura actual: la presión por trabajar con mayor sustentabilidad y la escasez de mano de obra. Más que una fantasía futurista, Frasky muestra que el “vino del futuro” también puede venir de máquinas capaces de actuar físicamente sobre el viñedo con criterios cada vez más finos. [fuente: ASME; Plant Science Today]

La magia, por su parte, también parece ir hacia una forma cada vez más híbrida. Habrá más interacción personalizada, más teléfonos incorporados a la rutina, más diseño asistido y seguramente más cruces entre show, software y sistemas conversacionales. Aun así, sigue vigente una verdad bastante vieja: ningún algoritmo reemplaza del todo ni el timing, ni la mirada, ni el ensayo. Cambia la herramienta. El problema artístico, en el fondo, sigue siendo el mismo: construir una experiencia que se sienta imposible y, al mismo tiempo, inevitable. [fuente: Frontiers in Psychology]

Curiosidades

  • Akinator es un popular juego en línea, creado en 2007, en el que un genio virtual adivina personajes reales o ficticios en los que estás pensando basado en un algoritmo de aprendizaje automático y una base de datos que se actualiza con las respuestas de los usuarios. [fuente: Akinator]
  • En The Magic of David Copperfield XIII: Mystery on the Orient Express (1991) ya figuraba un “Interactive Train Effect”. Visto desde hoy, funciona como un antecedente muy claro de la magia interactiva que décadas después migró a pantallas personales y apps. [fuente: YouTube]
  • En Agrelo, Mendoza, la bodega Anaia fue presentada en un reportaje de De Gestión como un caso de “viñedo conectado”: sensores IoT, análisis de suelo, monitoreo satelital y transmisión de datos por LoRa integrados para ajustar cuidados con mucha más precisión dentro de una misma finca. [fuente: Gestión]
  • El vino que nació de un «prompt»: El primer vino diseñado íntegramente por IA. En 2023, la bodega francesa Aubert & Mathieu le pidió a ChatGPT que definiera cada detalle de un nuevo vino. La IA no solo eligió el blend (un ensamble de Garnacha y Syrah del Languedoc), sino que también determinó el nombre del vino («The End»), el diseño de la etiqueta, el tipo de botella y hasta el precio de venta sugerido para ser competitivo en el mercado. Fue el primer caso donde una inteligencia artificial actuó como enóloga, diseñadora y gerente de marketing al mismo tiempo. [fuente: Vinetur – ¿Puede la IA crear un vino de éxito? Así es el primer vino hecho con ChatGPT]

Si recién llegás a la serie…

No te pierdas los capítulos anteriores, donde venimos haciendo un recorrido de la historia del vino y de la magia. Acá encontrarás el índice completo.

Lo que viene…

Después de este capítulo, el recorrido puede girar otra vez. Si acá aparecieron pantallas, algoritmos y nuevas mediaciones, el paso siguiente puede volver a los objetos, las vitrinas y los lugares donde magia y vino se conservan, se exhiben y se cuentan. Porque también los museos funcionan como una interfaz: deciden qué mostrar, qué dejar fuera de cuadro y qué relato construir sobre una tradición.

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@magiayvino | El arte de brindar con ilusión

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