Mentalismo y Vinos de Autor

Cuando la firma pesa, el asombro se vuelve íntimo: ya no importa solo qué pasó, sino quién lo construyó… y por qué te lo creíste.

Magia y Vino a través del tiempo – Cap. 38

En el capítulo 30 me fui al close-up y los vinos boutique, y ahí aparecieron (de costado) los vinos de garage. Partidas chicas, obsesión por el detalle, y esa sensación de estar cerca de algo “hecho a mano”. Hoy quiero usar ese mismo puente, pero para hablar de otra cosa: autoría.

Porque el mentalismo y el vino de autor comparten un núcleo raro. Se apoyan en técnicas concretas, sí, pero se ganan o se pierden en algo menos tangible: la confianza. Tony Corinda, gran mentalista autor de 13 escalones del mentalismo, lo escribe sin anestesia: “You cannot do Mentalism in any shape or form without confidence.” (No se puede practicar mentalismo en ninguna forma sin confianza).

Mentalismo: qué es, de dónde sale y por qué no es una sola cosa

Mentalismo, dicho simple, es el arte de producir la sensación de que alguien puede conocer, influir o anticipar pensamientos y decisiones. Lo que lo vuelve fascinante (y difícil) es que no existe “un” mentalismo, sino una familia de ramas que nacen de cruces históricos. El teatro de fines del XIX, la fiebre del espiritualismo, la psicología como espectáculo, la radio/TV, y después Internet.

Theodore Annemann – Genii 1937 – Wikipedia

Y aunque el público lo vive como misterio, por debajo hay oficio. Theodore Annemann lo dejó escrito en una frase que funciona como regla de oro: “any effect to be successful must first be founded upon a simple method, and then be performed with a direct, to-the-point presentation.” (Para que cualquier efecto tenga éxito, primero debe basarse en un método simple y luego realizarse con una presentación directa y concisa.)

Esa oración, si la pasás al mundo del vino, suena demasiado familiar: método simple (viñedo/fermentación bien entendidos), ejecución directa (decisiones claras), y presentación sin vueltas (estilo).

Ramas del mentalismo y referentes

Max Maven – Foto: The Daily Magician

Cuando se habla de mentalismo como si fuese un bloque único, se pierde lo mejor: que cambia mucho según la “promesa” que se le hace al público. Por un lado hay mentalismo clásico, como predicciones, telepatía teatral, lectura de pensamientos y calculismo (velocidad matemática), donde el impacto nace de cómo se diseña el camino y de cómo se sostiene el suspenso. En ese territorio, Tony Corinda es una referencia estructural por su 13 Steps to Mentalism, y Max Maven aparece como una figura de autoría pura: estilo intelectual, construcción de efectos con identidad y una influencia enorme en la comunidad.

Derren Brown – Foto: Pastomagic

Hay otra línea, más contemporánea, que se apoya en el tono de “esto es psicología”: sugestión, decisiones, sesgos, comportamiento. Puede haber método clásico debajo, pero lo que se muestra es otra cosa: una lectura de la mente humana, una especie de ingeniería de lo probable. Derren Brown es un nombre clave para entender cómo esa estética se volvió lenguaje masivo, sin necesidad de apelar a lo paranormal.

Ormond McGill – Foto: Wikipedia

También está el mentalismo que se vive como experiencia guiada, donde la escena no es “adivinar” sino generar un estado: hipnosis teatral, cambios visibles, reacciones, memoria y conducta. Un referente histórico en ese cruce entre hipnosis y espectáculo es Ormond McGill, reconocido como hipnotista de escenario y mago, apodado el “Dean of American Hypnotists” (Decano de los hipnotistas estadounidenses). En su terreno, lo decisivo no es el “poder” sino la puesta: cómo se construye confianza, cómo se conduce la atención y cómo se vuelve visible una idea en el cuerpo del otro.

Uri Geller – Foto: RNZ

Y existe, por último, el cruce con el “psíquicomediático, donde el personaje y el mito forman parte del show: visión de rayos X y control mental sobre objetos. Es la rama que discute con la creencia y con el escepticismo al mismo tiempo, y que durante décadas se volvió cultura pop. Uri Geller es el caso emblemático: más allá de las polémicas, su nombre explica por qué el mentalismo quedó asociado, tantas veces, a la idea de “poder”.

Anthony Blake: mentalismo como cultura popular en español

En el mundo hispano, Anthony Blake, el mentalista mediático, es una puerta de entrada enorme. Y me interesa traerlo porque conecta con el tema “de autor” que aborda este capítulo. Su discurso se apoya en la idea de entrenar capacidades como la memoria, intuición y observación, y lo formula con una frase que ya es una marca personal:

“Nuestro cerebro es una máquina asombrosa cuyos límites desconocemos.”

Tu poder mentalAnthony Blake

Y en una línea más contemporánea, más pegada a comportamiento humano y técnicas de comunicación, aparece Javier Botía, campeón mundial de mentalismo 2018. Es interesante porque te corre el mentalismo del “misterio” y lo lleva a un terreno muy de autor: cómo se fabrica confianza con detalles.

Mentalismo argentino: un recorrido por los referentes locales

El mentalismo en Argentina creció con un pie en la tradición de oficio (sociedades, biblioteca, congresos) y otro en la popularidad masiva. Tal como mencionamos en varios capítulos, la Entidad Mágica Argentina (EMA) es un eje histórico de comunidad y formación desde 1958.

TATE & LEO ejecutando una triple predicción (adaptación de un clásico de Marroche) – Restaurante Pitágoras 1998

Desde la vereda popular, Tusam (Juan José del Pozo) instaló el mentalismo/hipnosis como fenómeno televisivo y teatral para grandes audiencias. Dejó una huella cultural difícil de discutir.

En el terreno institucional, Carlos Marroche es una referencia por trayectoria y por su rol dentro de la EMA (llegó a presidirla), representando esa línea más “de taller” y de escena sostenida.

Juan Ordeix suma el mojón internacional: su consagración en FISM (Estocolmo 2006) es el dato que te permite decir, sin exagerar, que el mentalismo argentino también tuvo exportación de excelencia.

Con Juan Ordeix en un evento en el año 2013

A ese mapa se le suman perfiles con identidad marcada: el platense Michel, con una carrera larga y un mentalismo muy “de escenario”. El Gran Bronzini, asociado al trabajo de lectura en frío/cold reading y la enseñanza de ese lenguaje. Adrián Lacroix, como exponente de formatos teatrales modernos donde mentalismo e ilusión conviven. Una línea autoral muy valorada en el ambiente, como me recordaba mi amigo mentalista Thamaz, es la de Jorge “The Jack” García, que además dejó obra escrita (7 Misterios del Mentalismo) y un legado recordado por colegas. En tiempos más recientes aparecen figuras que empujan el género hacia redes y charlas, como Max Giaco y Agustín Canolik, cada uno con su estética y su público.

Michel, Bronzini, Lacroix, The Jack, Giaco y Canolik

Vinos de autor: definición y borde (para no mezclar conceptos)

En vino, de autor se usa para muchas cosas. A mí me sirve una definición clara: un vino donde el enólogo (o el equipo) se juega una idea propia y conduce el proceso con obsesión, desde el viñedo hasta la copa. Gastón Ayerbe lo resume con una frase que va al hueso: “Un vino de autor rescata el sello particular, el estilo y la pasión de su creador, quien dirige todas las etapas desde la vid hasta la copa.”

Y ahí aparece algo que, para mí, define el concepto mejor que cualquier etiqueta: el equilibrio entre naturaleza y mano humana. Ayerbe cita a Ángel Mendoza y lo dice en términos perfectos, porque no romantiza ni tecnifica de más: en un gran vino conviven “factores naturales” y “la insustituible sensibilidad del hombre”.

Ángel Mendoza en el viñedo – Foto de EnoLife

Por eso ojo con el borde: un vino de autor puede ser boutique, puede ser de finca, puede ser “garage”, puede ser edición limitada“… pero no es sinónimo automático. El autor no es la escala: es la intención sostenida en decisiones (qué uva elegís, qué dejás afuera, cuándo frenás, cuándo te animás).

Si el close-up y los vinos boutique eran el lujo del detalle, acá hablamos del lujo de la identidad.

Vinos de autor: referencias mundiales con firma

Manfres y Elaine Krankl

En lo personal, cuando digo “vino de autor”, no estoy pensando en “los mejores del planeta” ni en los grandes nombres de siempre. Estoy pensando en proyectos donde la identidad pesa más que la estructura: partidas acotadas, decisiones visibles y una cabeza enológica que se puede nombrar sin vueltas. En el mundo, ese espíritu aparece clarísimo en Sine Qua Non, el proyecto californiano de Manfred y Elaine Krankl, construido como una obra personal (blends, etiquetas, lanzamientos) y con lógica de culto por su escala y su coherencia estética.

Daphne Glorian

En España, Dominio de Pingus es otro manual: un vino que nace como proyecto personal de Peter Sisseck y que se entiende, ante todo, como visión y control del creador. En Priorat, Clos Erasmus lleva la firma de Daphne Glorian: una etiqueta identificada con su nombre, su estilo y una forma de trabajar que hizo escuela en la región. Y si quiero sumar un ejemplo de “autor” como ruptura del molde, Château Valandraud se asocia directamente a Jean-Luc Thunevin. Esa idea de micro-proyecto que empezó chico y desafió el manual bordelés desde su origen (ver detalles en el cap. 30). Como contracara más conceptual (autoría como voz y discurso), Bonny Doon se entiende a través de Randall Grahm, fundador y winemaker. Un caso donde el estilo y la narrativa son parte del vino, no un adorno.

Algunas referencias locales de vinos de autor

Marcelo Pelleriti y Miguel Priore

En Argentina, el “vino de autor” se vuelve todavía más nítido cuando el proyecto está armado alrededor de una intención. Pelleriti Priore es un ejemplo perfecto en esa línea: la propia bodega presenta a Marcelo Pelleriti y Miguel Priore como los “hacedores” que le dan forma al proyecto, con una búsqueda deliberada de identidad en Valle de Uco (ver crónica en Wine O’Clock).

Jeff y el Colo

En el mismo espíritu de firma visible, el universo Manos Negras nace de la dupla Alejandro «El Colo» Sejanovich y Jeff Mausbach. Se declara como un tributo a la enología “de manos en la obra”, con el creador al mando del criterio. El mismo dúo de winemakers lleva adelante también el proyecto Anko, con foco en un lugar y una idea antes que en una marca gigante.

Ale Vigil

Y si queremos un caso más literal de “vino de autor” declarado como tal, aparece el Malbec Clásico de Familia Delmotte con Thibaut Delmotte a la cabeza de su proyecto personal desde los Valles Calchaquíes. Y obviamente, no puedo hablar de autores argentinos sin mencionar al indiscutido Alejandro Vigil. Mas allá de su gran labor en Catena Zapata, es quien desarrolló su sello personal: El Enemigo – Gran Enemigo, vinos que sostienen la idea de firma/proyecto.

El punto en todos estos ejemplos es el mismo: la autoría no se prueba por el tamaño del jugador, sino por la capacidad de sostener un estilo y por la posibilidad de decir, sin dudar, quién está atrás de esa copa.

¿Qué tienen en común Mentalismo y Vinos de Autor?

A esta altura, el cruce es claro: autoría = confianza + decisión

  • Annemann te pide método simple y presentación directa.
  • Corinda te pide confianza como condición de existencia.
  • Un vino de autor te pide decisiones visibles: lo que dejaste afuera, lo que priorizaste, lo que bancás.

Por eso este capítulo no va de “leer la mente” ni de “hacer vino distinto”. Va de algo más profundo: de cómo se fabrica una experiencia que, cuando termina, queda pegada como un recuerdo propio.

Curiosidades

  • El mentalista Anthony Blake, adoptó el nombre artístico del personaje que protagonizaba Bill Bixby en la serie “El Mago” de principios de los ’70. [fuente: Acelobert]
  • En el Mundial FISM de Beijing 2009, el argentino Juan Ordeix fue descalificado. El jurado sostuvo que había usado cómplice, cosa que no es aceptada en el torneo. [fuente: La Capital]
  • El mentalista argentino Jorge “The Jack” García falleció de manera repentina a los 46 años (26 de abril de 2017). [fuente: Pasto Magic]
  • Costaflores Organic Vineyard es el único viñedo detrás del primer criptoactivo respaldado por vino del mundo. El vino es el MTB* Mike Tango Bravo y el autor de esta locura es Mike Barrow. [fuente: Costaflores]

Si recién llegás a la serie…

No te pierdas los capítulos anteriores, donde venimos haciendo un recorrido de la historia del vino y de la magia. Acá encontrarás el índice completo.

Lo que viene…

En el Cap. 39 el viaje cambia de escenario: dejamos la cabeza y la firma para meternos en la barra. Barismo, mixología y magia con vino: el lugar donde el ritual se vuelve preparación en vivo, donde el aroma manda, donde la técnica se ve y el show está a centímetros del público. Del espresso al vermut, del bitter al vino como ingrediente, la pregunta es la misma de siempre: cómo se construye asombro cuando todo pasa delante de tus ojos… y aun así, algo parece imposible.

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@magiayvino | El arte de brindar con ilusión

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