Colonias de América: viñas prohibidas y magias populares

El vino cruzó océanos y cordilleras con una terquedad que ninguna cédula real pudo frenar. La magia, en cambio, no pidió permiso: se metió en plazas, misiones y pulperías. Entre jarros de barro y barajas marcadas, el Nuevo Mundo no solo aprendió a brindar, sino también a dejarse asombrar.

Magia y Vino a través del tiempo – Cap. 15

Recuerdan que en el capítulo 11 les conté que Hernán Cortés, en su avance por tierras aztecas (1524), no viajaba solo con soldados? Su comitiva incluía artesanos del asombro: “un volteador, y otro que jugaba de manos y hacía títeres”. Es un detalle increíble, ¿verdad? La conquista llegaba con espadas, pero también con trucos de ilusionismo.

Al mismo tiempo, desde las Canarias y Castilla viajaban las primeras estacas de vid, destinadas a transformar el paisaje americano. Durante los siglos XVI y XVIII, el vino se multiplicó, a escondidas o con permiso real. Y la magia encontró en América un nuevo escenario popular. Lo prohibido, lo milagroso y lo lúdico se mezclaron en un mismo caldo cultural. [fuente: El Vino en el Nuevo Mundo – Historia del Vino]

El vino en las colonias

En Nueva España y los virreinatos del sur, la vid se plantó rapidísimo para asegurar tanto el culto como el sustento. Perú se convirtió en un polo tempranero: la tradición dice que Francisco de Carabantes (década de 1540) introdujo las estacas desde Canarias, estableciendo el viñedo de Tacama en Ica, que luego exportaría plantas y conocimientos hacia Chile y, a través de los arrieros, al otro lado de los Andes. [fuente: Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Peru]

Tal como conté en History of Argentine wine in colonial times para This Day In Wine History, en el actual territorio argentino, la historia se aceleró: el clérigo Juan Cidrón llevó vides a Santiago del Estero (1556), porque una ciudad sin sacerdote no tenía misa, y una misa sin vino… bueno, ya se imaginan. Poco después, en 1562, Juan Jufré fundó Mendoza (la primera fundación realizada por Pedro del Castillo no fue legal al ser declarada nula por el rey) y la vitivinicultura ganó tracción en San Juan, La Rioja, Salta y Córdoba.

A fines del siglo XVI, el vino dejó de ser un lujo ocasional para convertirse en una verdadera economía regional: era trabajo, paisaje y rito. Estas cronologías y repartos de tierras están tan bien documentados en los manuales de historia que no dejan lugar a dudas. [fuente: Fondo Vitivinícola Mendoza – Historia de la vid y el vino – Cap.1]

Foto: Archivo General de la Nación – Mendoza Antigua

Hacer vino en la colonia era una cuestión de ingenio material. No había cromo brillante ni acero pulido. Lagares de cuero o de piedra, tinajas de barro para fermentar, y cuevas frescas para que el vino «respirara» sin estropearse, todo eso formaba parte del ámbito productivo familiar. [fuente: SciELO]

Lagares de cuero – Museo del Vino – Bodega La RuralImagen de SciELO

Un ejemplo perfecto es la Estancia de Jesús María en Córdoba, hoy el Museo Jesuítico Nacional. Para 1618 ya tenían 20.000 cepas y llegaron a producir cerca de 12.000 litros anuales. Este es un hito sólido que nos demuestra la importancia del vino en la región del Río de la Plata mucho antes del siglo XVIII. [fuente: Museo Jesuítico Nacional]

Prohibiciones y resistencias

La Corona española no estaba nada contenta. Cada botella americana era una botella menos que se importaba desde Sevilla. Por eso, en 1595, Felipe II prohibió plantar nuevas viñas en América. Pero ya saben el dicho: “hecha la ley, hecha la trampa”. Las órdenes reales rara vez detenían la práctica local.

Un caso emblemático es la Hacienda de San Lorenzo, en Parras (México), que en 1597 ya elaboraba vinos y que hoy conocemos como Casa Madero. El obispo Alonso De la Mota y Escobar dejó escrito en 1602 que, si se hacía con el cuidado debido, el vino de Parras sería tan bueno como el de España. Un reconocimiento sincero y revelador. [fuente: Parras y La Laguna – La Hacienda de San Lorenzo de Parras]

…Es este Valle muy acomodado para viñas, porque allende de las muchas cepas puestas a mano, que en él se dan de las de Castilla, cargan de mucho fruto y racimo y vienen a madurar con tanta sazón y con tanto dulce y hasta que se hace vino tan bueno, que se echa muy bien de ver de que si se hiciese con la curiosidad y cuidado debido seria el vino tan bueno como el de España…” – obispo Alonso De la Mota y Escobar.

El vino en las pulperías

En el Río de la Plata, el vino se movía por pulperías y puestos de campaña, junto a aguardientes cuyanos, naipes y bailes. La pulpería fue nodo de sociabilidad, crédito, juego y conflicto; los estudios sociales clásicos sobre Buenos Aires y su campaña lo documentan con minucia. [fuente: Universidad Nacional de La Plata – Revista de la Universidad]

Interior de Pulpería - Buenos Aires, según Pallière. Acuarela, c. 1858
Interior de Pulpería – Buenos Aires, según Pallière. Acuarela, c. 1858. – Picryl.com

En lo ampelográfico, la uva que mejor cuenta esta expansión es la Listán Prieto, conocida como País en Chile, Criolla Chica en Argentina y Mission en California: una misma variedad con nombres locales, confirmada por registros técnicos y por estudios recientes (no se pierdan el estudio de Angel Ramos sobre las Criollas). [fuente: Foundation Plant Services – UC Davis]

Recomendado para ver: Cronología de la historia del vino colonial

Magia popular en el Nuevo Mundo

Mientras el vino echaba raíces, el asombro aprendía su propia gramática americana. Desde mediados del siglo XVIII circulaban en castellano manuales de prestidigitación, en especial Pablo Minguet e Yrol con su Engaños a ojos vistas… (1733), considerado el primer libro en español, un gran compendio temprano de juegos de manos. La obra está digitalizada en bibliotecas públicas, lo que permite seguir, truco a truco, qué se practicaba y cómo se enseñaba. [fuente: Magiapedia]

Imagen: Magiapedia

En Buenos Aires, capital del virreinato del Río de la Plata, hay constancias de volatineros, juglares y “prestímanos” solicitando licencia a los cabildos para “habilidades de manos, física, equilibrios y otros juegos”. Los repertorios locales mencionan a Antonio Verdún (1757) y a Joaquín Duarte (1776), así como a Joaquín Oláez y Garcitúa (1785); el circuito, ya estable, enlazaba Santa Fe, Buenos Aires, Perú y Brasil. [fuente: Historia de la magia en los períodos colonial y post-colonial]

La pulpería fue, otra vez, escenario: allí convivían el vaso de vino, la baraja marcada, la “mosqueta” y el pase de cartas; también, el pregón del charlatán que ofrecía curas o adivinación.

La cultura del naipe fue tan intensa que en 1776 se creó la Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya (Málaga), que fabricaba mazos “para las Indias”; se conservan cartas con las leyendas “Para las Indias”, “Para Caracas”, y “Para La Habana” destinadas a las colonias. [fuente: The World of Playing Cards]

Vino y magia: Un trago, un truco

Si el vino reúne, la magia contagia: ambos construyen comunidad. En la América colonial, la copa era excusa de tertulia y la baraja un escenario portátil. Tanto en la mesa de la pulpería como en la fiesta patronal, los mismos gestos que servían para brindar servían para desviar la mirada y montar un efecto.

En una sociedad marcada por la fe y el miedo al diablo, lo milagroso y lo ilusorio compartieron una zona gris. Del relato del misionero al guiño del prestidigitador, del «se dijo que…» al «yo lo vi». El vino alimentó el rito; la ilusión, el asombro. Juntos, modelaron una cultura.

Curiosidades

Si recién llegás a la serie…

No te pierdas los capítulos anteriores, donde venimos haciendo un recorrido de la historia del vino y de la magia. Acá encontrarás el índice completo.

Lo que viene…

Con el siglo XVIII ya maduro, Europa entra en la Ilustración. El vino se vuelve objeto de tratados técnicos, y la magia se transforma en magia de salón, con nuevos manuales y gabinetes de «física recreativa». Ahí nos espera el Capítulo 16.

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@magiayvino | El arte de brindar con ilusión

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