Años 60 y 70: psicodelia, tarot y vinos experimentales
Hay décadas en las que el mundo parece girar más rápido. Cambian los peinados, cambian las músicas, cambian las palabras, cambian las reglas. Y en el fondo de todo eso late la misma pulsión: ampliar la percepción, romper hábitos, probarlo todo. En la copa y en el escenario.
Magia y Vino a través del tiempo – Cap. 29
Entro a los años 60 y 70 como quien entra a una habitación con luces nuevas. No porque todo haya empezado ahí —nada empieza de golpe— sino porque, en esas dos décadas, muchas cosas que venían gestándose se vuelven visibles, masivas, discutidas en voz alta. La percepción deja de ser un asunto íntimo para convertirse en un tema cultural: se explora, se celebra, se teme, se comercializa.
El vino se mueve entre dos fuerzas que conviven: por un lado, la industrialización y la estandarización (más volumen, más marca, más góndola); por el otro, una curiosidad técnica que empieza a empujar límites y a discutir el “así se hizo siempre”. La magia, mientras tanto, cambia de piel: el asombro se vuelve pop, televisivo, psicodélico, y a veces se disfraza de “poder mental” para entrar a la sala de estar de millones.
La copa en una época de consumo masivo y cultura de producto
En Argentina, el vino todavía es un hecho cotidiano de enorme escala. Los números, como vimos en el capítulo anterior, lo muestran sin maquillaje: 1970 marca 91,8 litros per cápita, y la serie histórica retrata la dimensión de esa cultura de mesa que hoy cuesta imaginar. [fuente: Argentina, INV]
Esa masividad no implica necesariamente sofisticación: gran parte del mercado sigue dominado por el vino de mesa y por lógicas de abastecimiento interno. Pero incluso en ese universo, el período es interesante porque empieza a tensarse una idea: la de “calidad” como promesa, como discurso y como tecnología.
Y acá aparece un dato que me encanta porque dice “época” sin necesidad de discursos.
El bag-in-box: cuando un envase resume una década
Lo que cambia una época, a veces, no es una ideología: es un envase.
En 1965, en Australia, Thomas Angove patenta y lanza una solución que termina siendo un símbolo: vino en bolsa plástica dentro de caja de cartón, el antepasado directo del bag-in-box moderno. Al principio era incómodo, pero en 1971 la incorporación de un grifo integrado lo vuelve práctico y masivo. [fuente: Australian Food Timeline]

No es un detalle técnico: es una declaración cultural. El vino deja de depender del ritual de la botella y entra en el territorio del “llevar y compartir”. En una era que empuja lo grupal, lo portátil, lo inmediato, ese formato parece hecho a medida.
Vinos experimentales, de verdad (la bodega como laboratorio)

En estas décadas el vino se vuelve experimental por una razón muy simple: la bodega incorpora herramientas que permiten probar, ajustar y repetir. Los tanques de acero inoxidable, que empiezan a instalarse en serio desde mediados del siglo XX y se vuelven habituales con el correr de los 60 y 70, no son solo “modernidad”: cambian el tipo de vino que se puede diseñar, porque vuelven más fácil trabajar con limpieza, inercia y precisión.
Y el detalle decisivo es la camisa de frío. Un artículo de Pablo Ponce de The Big Wine Theory lo explica de manera perfecta: los tanques de acero con camisas de refrigeración soldadas permiten controlar la temperatura de fermentación; y con eso, controlar mucho mejor el producto final (evitando desvíos aromáticos que no nacen de la uva). [fuente: The Big Wine Theory]
Microbiología aplicada (levaduras seleccionadas y la obsesión por la consistencia)
La otra capa experimental de los 60–70 no se ve a simple vista, pero cambia todo: la microbiología. En la vinificación moderna, la inoculación con cultivos puros/seleccionados se vuelve una herramienta central para arrancar fermentaciones de manera rápida y con más uniformidad, reduciendo el riesgo de procesos erráticos o trabados. [fuente: “Fermenting knowledge”, PMC]
Con estas herramientas, el vino deja de depender sólo del año: empieza a diseñar estilo. Y entonces llega 1976…
El golpe simbólico: 1976 y la idea de que el mapa podía cambiar

En el mundo, el shock cultural llega en 1976 con el Judgment of Paris: una cata a ciegas organizada por Steven Spurrier y Patricia Gallagher en París, donde vinos de California superan a etiquetas francesas ante jueces franceses. Más allá de la mitología, el mensaje queda instalado: el prestigio no es un derecho hereditario, se disputa. Y esa discusión le abre la puerta a un nuevo clima de experimentación y ambición. [fuente y foto: Nationa Museum of American History]
De “creer” a “medir”: el nacimiento del vino puntuado y la autoridad del crítico

Si el Juicio de París instala la cata a ciegas como golpe cultural, la segunda ola es igual de potente: el vino se vuelve “puntuable” y mediatizable. En 1976 nace Wine Spectator (como tabloide en San Diego, fundado por Bob Morrisey) y empieza a consolidarse la idea de guía para consumidores.
Y en 1978 aparece The Wine Advocate (primer número en agosto de 1978): una publicación que empuja con fuerza la cultura del puntaje y la independencia editorial como valor. [fuente: Wikipedia]
Mientras el vino empieza a medirse y puntuarse, la cultura —en paralelo— explora otra clase de expansión: la de la percepción.
Psicodelia: la época que quiso ver distinto
La psicodelia no es solo un póster: es una manera de pensar la percepción. Britannica la define, por ejemplo, en la música (el rock psicodélico) como un estilo inspirado por drogas “mind-expanding” (expansión mental) y por recursos sonoros (feedback, electrónica, volumen) que buscaban reflejar estados alterados. [fuente: Encyclopedia Britannica]
Yo me quedo con la idea más amplia: una cultura que quiere ampliar el campo de lo posible. Y ahí, vino y magia se miran de reojo: uno altera el sentir; la otra altera el juicio.
Tarot: de juego cortesano a mapa interior
En ese clima de búsqueda, el tarot entra (o reingresa) como objeto cultural. Y acá conviene ordenar la historia para que el símbolo no tape el origen.

El tarot nace como cartas: su invención se ubica en la Italia de la década de 1430, cuando a una baraja de cuatro palos se le suma una quinta serie de 21 cartas ilustradas (triunfos) y una carta singular, el Loco. [fuente: Encyclopedia Britannica] El Metropolitan Museum explica además la estructura de esos palos italianos (Copas, Espadas, Bastones y Monedas) y cómo los triunfos se agregan como un “nivel” nuevo dentro del juego. [fuente: The Metropolitan Museum of Art]
Que en los 60–70 el tarot se vuelva “lenguaje de identidad” no borra ese origen: lo vuelve más interesante. En una época que busca símbolos para hablar del yo, los arcanos funcionan como alfabeto visual. Y ahí el puente con la magia es natural: ambos trabajan con imágenes que significan más de lo que muestran.
El mago psicodélico: Doug Henning y el color como manifiesto

Si en la calle la época se pintaba de psicodelia, en el escenario esa paleta tuvo un nombre propio: Doug Henning. Su gesto fue doble: estética y estrategia. Cambió la silueta del mago —pelo largo, colores vivos, energía pop— y, al mismo tiempo, llevó la magia a un terreno donde no era habitual verla con esa potencia cultural: Broadway.
En 1974, Henning protagoniza The Magic Show, que abre en el Cort Theatre y se sostiene más de cuatro años en cartel (hasta el 31 de diciembre de 1978), con un recorrido que lo vuelve un fenómeno teatral, no sólo mágico. Ese dato es clave para el capítulo: la magia no está “acompañando” a la época desde el costado; está metida en el centro de la industria del espectáculo. [fuente: Internet Broadway Database]
Los Angeles Times lo dice con una claridad que vale oro para esta historia. El mago Lance Burton recuerda que la apertura de ese show fue un punto de partida para el boom moderno del ilusionismo, y remata con una frase que resume legado y linaje: “Every magician … owes Doug Henning a great debt.” (Todo mago… tiene una gran deuda con Doug Henning) [fuente: Los Angeles Times]
Para ver esa bisagra con ojos de hoy, dejo acá una versión completa de The Magic Show, filmada en Broadway y publicada en 1983, que vale por estética, por ritmo y por época.
Mentalismo pop: Kreskin, Uri Geller y la fiebre de lo “psíquico”

El otro carril de la época —más resbaladizo— es el de los fenómenos “mentales” presentados como reales o, al menos, insinuados.
The Amazing Kreskin se vuelve figura televisiva desde mediados de los 60, con un mentalismo construido alrededor de sugestión, psicología popular y tensión escénica. [fuente: Entertainment Weekly]
“No soy un psíquico, un ocultista o un adivino… Soy un científico, un investigador en el campo de la sugestión y las percepciones ‘extrasensoriales’. Pongo en práctica lo que descubro”.
Y a comienzos de los 70 aparece la gran discusión pública: Uri Geller y sus demostraciones de “poder psíquico” (sobre todo el doblado de metal). Su paso por The Tonight Show en 1973 queda asociado al relato de que el programa preparó utilería propia para evitar trucaje, versión difundida por James Randi en materiales posteriores y ampliamente citada en recuentos del caso. [fuente: Wikipedia]

En términos de época, el punto no es el veredicto: es la fascinación colectiva. Cuando una cultura está obsesionada con “otra realidad”, la frontera entre espectáculo y creencia se vuelve parte del show.
Puntos de contacto: la misma sed, dos copas distintas
En los 60 y 70, vino y magia comparten una obsesión: cambiar el estado.
El vino lo hace por vía sensorial y social: cambia la conversación, el tempo, la escucha, la emoción. La magia lo hace por vía cognitiva: cambia la confianza en tus ojos, en tu memoria, en tu conclusión.
Por eso este capítulo no es psicodelia como postal. Es psicodelia como idea: una época que discute percepción, que compra símbolos, que experimenta técnicas, que mezcla ciencia y mística, y que convierte el asombro en un idioma popular.
Curiosidades
- Doug Henning y el récord de audiencia: Guinness registra más de 50 millones de espectadores para su especial transmitido en NBC el 26/12/1975. [fuente: Guinness World Records]
- Tarot renacentista “de museo”: el V&A conserva cuatro raras cartas italianas del siglo XV, pintadas y doradas, entre las más antiguas que sobreviven. [fuente: Victoria and Albert Museum]
- Una vez abierto el Bag-in-Box, el vino no queda con cámara de aire como en la botella: la bolsa interna se va colapsando a medida que servís, y eso reduce el contacto con oxígeno, por lo que puede mantenerse bien durante semanas (e incluso más tiempo, según el vino y el frío). [fuente: Bodegas Bianchi]
- Parapsicología vs. trucos: en el “Project Alpha” (1979–1982), dos jóvenes ilusionistas engañaron a un laboratorio de investigación psíquica con técnicas de magia; James Randi narró el caso en Skeptical Inquirer. [fuente: Skeptical Inquirer]
Si recién llegás a la serie…
No te pierdas los capítulos anteriores, donde venimos haciendo un recorrido de la historia del vino y de la magia. Acá encontrarás el índice completo.
Lo que viene…
Si los 60 y 70 quisieron “ver distinto”, lo que sigue va a querer “producir distinto”. El espectáculo aprende a ser industria global; el vino empieza a ordenar prestigios, mercados y discursos con una ambición nueva. Y yo voy a seguir ese hilo donde más me gusta: donde una copa y un truco cuentan, cada uno a su manera, qué le estaba pasando a la percepción de una época.
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@magiayvino | El arte de brindar con ilusión
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Vengo del mundo IT y encontré en el vino una forma de contar historias, descubrir lugares y compartir experiencias. Me capacité en C.A.V.E. y desde El Vino del Mes escribo sobre vino argentino con una mirada cercana y curiosa. También soy ilusionista, creador de #MagiayVino (@magiayvino), guitarrista y miembro fundador AWB.
