Vino argentino y magia criolla
Del vino de damajuana que se vendía como commodity a los Malbec de altura y las salas de degustación, mientras la magia criolla se organiza en círculos, escuelas y bares donde la copa deja de ser decorado y pasa a ser parte del acto.
Magia y Vino a través del tiempo – Cap. 28
Cuando visito una bodega veo algo que mis abuelos no habrían reconocido: carteles que hablan de altitud, parcelas, microvinificaciones, una sala de degustación pensada para que el visitante viva una experiencia y no solo compre vino. En pocas décadas, la Argentina pasó del litro cotidiano en damajuana a la botella con apellido propio. Paralelamente, los magos pasamos del teatro formal al bar, a la peña, a la bodega abierta al turismo. En este capítulo intento ordenar esa transformación y marcar, con fechas y nombres, dónde se encuentran el vino argentino y la magia criolla.
La ley del 34 y el mapa encerrado
En 1934 se sanciona la Ley 12.137, que crea la Junta Reguladora de Vinos con carácter de emergencia. La norma le da al Estado herramientas para controlar plantaciones, volúmenes y precios en un mercado desordenado por la sobreproducción. Es el primer intento fuerte de ordenar la vitivinicultura nacional desde Buenos Aires.
Un efecto clave de ese marco regulatorio fue concentrar la producción legal de “vino genuino” en Cuyo y las provincias cordilleranas del norte. Diversos trabajos señalan que, a partir de los años 30, regiones como Entre Ríos o Buenos Aires —que habían tenido miles de hectáreas de viña— vieron frenado su desarrollo por las restricciones a comercializar vino fuera de las zonas autorizadas. Dicho rápido: la Argentina oficial del vino quedó encerrada en un mapa cuyano y cordillerano. [fuente: “Una ley que dio por tierra con la diversidad”, La Nación]
Del vino de damajuana a la gran crisis
Entre los años 60 y 70, Argentina se convierte en uno de los países con mayor consumo de vino del mundo. Las series oficiales del Instituto Nacional de Vitivinicultura muestran un récord de 91,8 litros por habitante en 1970 y valores por encima de 80 litros en buena parte de esa década. La imagen es la de un país donde el vino está en todas las mesas, todos los días.
Cuenta el amigo Ángel Ramos en el Consejo 5 de su libro “Vino para vos” que «era una época en la que el vino se presentaba como la bebida por excelencia para acompañar las comidas, casi sin competencia de otras bebidas alternativas que surgieron luego, como la cerveza o la gaseosa. La única opción para acompañar el vino en la mesa era la soda, (…), permitiendo su consumo en grandes cantidades. Por esta razón, el vino se vendía en damajuanas de cinco litros y en botellas de un litro de capacidad».
Ese modelo entra en crisis en los años 80. Un estudio académico describe la década como “la mayor crisis de la historia vitivinícola argentina”, marcada por la caída del precio del vino de traslado, la disminución de hectáreas cultivadas y el cierre de numerosas bodegas. Entre las causas aparecen la reducción del consumo interno, cambios en los hábitos de bebida y tensiones en la cadena que golpean sobre todo a los pequeños productores. [fuente: “Crisis vitivinícola de los 80 en Argentina”, RIVAR]
El caso Greco

En ese contexto, un episodio emblemático es el llamado “Caso Greco”, que el historiador Pablo Lacoste reconstruye como un verdadero terremoto vitivinícola en tiempos de dictadura: el holding armado por los hermanos Héctor y José Greco y su socio Jorge Bassil llegó a concentrar bodegas históricas como Arizu, Furlotti, El Globo (ex Tomba) o Resero, además del Banco de los Andes y el diario Mendoza. Cuando, hacia 1980, la dictadura acusa al grupo de “subversión económica” y lo interviene, el derrumbe deja viñedos abandonados, establecimientos vaciados y a miles de trabajadores y pequeños viñateros a la intemperie. [fuente: “El caso Greco”, Pablo Lacoste, Enolife]
Reconversión, Malbec y nueva identidad
La salida de esa crisis es lo que hoy llamamos “reconversión vitivinícola”. El primer gesto fuerte aparece a comienzos de los 80, cuando en 1982 se sanciona la Ley 22.667 de Reconversión Vitivinícola, que a partir de la vendimia 1983 fija un cupo nacional de producción de vino y cupos zonales como respuesta estatal a los excedentes y a la caída de precios.
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Más allá del tono fuertemente regulatorio de esa norma —derogada décadas más tarde por un DNU de Milei en 2023—, la reconversión asociada a la calidad se consolida durante la segunda mitad de los 80 y, sobre todo, en los 90: se reducen superficies de variedades tradicionales de alto rendimiento y se plantan cepas de mejor calidad enológica. Se modernizan bodegas, se invierte en tecnología y se empieza a pensar en vinos finos y varietales para un consumidor que busca calidad, tanto en el mercado interno como en el externo. [fuente: “Crisis vitivinícola de los 80 en Argentina”, RIVAR]
El Malbec como cepa insignia

En ese proceso, el Malbec pasa de ser una uva más dentro del paisaje cuyano a convertirse en la punta de lanza del vino argentino en el mundo. Wines of Argentina resume bien el fenómeno al describir al Malbec argentino como la variedad insignia que permitió reposicionar a la industria en mercados externos y construir una imagen de país productor de vinos de calidad.
Entre 2000 y 2022, las exportaciones de vino argentino registran un crecimiento promedio anual del 5,4% en volumen y del 9% en precios, según un informe reciente del IIEP-UBA. Es decir: menos litros que en la época de la damajuana, pero más valor por cada botella que sale al mundo. El truco ya no es servir mucho, sino servir distinto. [fuente: IIEP UBA – “El vino argentino en los mercados globales (Parte 1)”]
Enoturismo: la bodega como escenario
Con la reconversión llega otra palabra clave: enoturismo. Documentos oficiales recientes definen al turismo del vino como una actividad que se desarrolla principalmente en bodegas abiertas al público, que ofrecen recorridos guiados, degustaciones, experiencias sensoriales y propuestas gastronómicas ligadas al viñedo. El objetivo no es solo vender vino, sino construir un producto turístico con identidad territorial. [fuente: Guía de Turismo del Vino de Argentina]
Mendoza fue pionera en convertir al vino en eje explícito de su estrategia turística. Planes como el TURPLAN y programas específicos para consolidar el enoturismo ayudaron a articular sector público, bodegas y prestadores privados. Hoy la Fiesta Nacional de la Vendimia —con acto central en el Teatro Griego Frank Romero Day, música, danza y puesta escénica masiva— es la cara más visible de esa mezcla de espectáculo, vino e identidad provincial.
En las bodegas, el recorrido típico ya incluye visita a viñedos, sala de tanques, barricas y una degustación comentada. Guías y sitios de enoturismo muestran propuestas que van desde catas con varios niveles de complejidad hasta almuerzos maridados y atardeceres entre hileras. Es en ese tipo de experiencias donde, de a poco, empiezan a aparecer artistas que ofrecen algo más que música de fondo.
Una constelación de enólogos
Así titula Ángel un bloque dedicado a la figura del enólogo que, en este escenario, deja de ser un técnico anónimo para volverse protagonista del relato del vino. Aparece en etiquetas, notas especializadas y presentaciones en bodegas. Un profesional que reúne conocimientos sobre elaboración y supervisa la operación de la bodega para transformar la uva en vino, pero también como alguien que toma decisiones sobre estilo, calidad y coherencia de la marca. El mago de la bodega.

“Un enólogo es aquel que posee un conjunto de conocimientos relacionados con la elaboración de vinos, ejerciendo un grado profesional que supervisa la operación de una bodega para transformar la uva en vino…”
Ángel Ramos – Vino para vos – Consejo 5

La historia reciente destaca nombres que funcionan como puentes entre el vino de mesa y el vino de calidad: Raúl de la Mota (foto tomada de Vinos en Buenos Aires), considerado el padre de la enología argentina; figuras ligadas a la escuela salesiana de Rodeo del Medio; y, más acá, enólogos que se transforman en referencias mediáticas y hasta en “marcas personales” dentro de la industria. La enología argentina pasa de la invisibilidad a la firma en la etiqueta.
La magia se organiza: CMA, EMA y escuelas

Mientras el vino atraviesa crisis y reconversión, la magia argentina también se ordena puertas adentro. El Círculo Mágico Argentino (CMA), fundado el 27 de septiembre de 1938 en Buenos Aires, se presenta hoy como la asociación de magos más antigua de Argentina y de toda Sudamérica, con la meta original de reunir a los magos del país y favorecer el perfeccionamiento del arte. [fuente y foto: Círculo Mágico Argentino – historia oficial]

A su alrededor aparecen otras instituciones, como la Entidad Mágica Argentina (EMA) fundada en 1958 por Chevalier Andrey. Una sociedad de magos afiliada a FLASOMA y FISM, que organiza congresos, galas y encuentros. Los documentos de EMA muestran un trabajo sostenido en la organización de congresos argentinos de ilusionismo y actividades de formación que involucran a magos de distintas provincias. [fuente y foto: Entidad Mágica Argentina – Historia]
Desde los años 90, como ya contamos en el capítulo anterior, se consolidan espacios de enseñanza sistemática. La Escuela de Magia Fu Manchú, vinculada al Bazar de Magia en Buenos Aires, ofrece cursos y talleres de cartomagia, monedas, mentalismo y magia general, y se presenta como una escuela con trayectoria donde se perfeccionan magos profesionales y aficionados.
René Lavand y el ritmo de la copa
En este entramado institucional, la figura de René Lavand ocupa un lugar aparte. Cartomago nacido en Buenos Aires y radicado en Tandil, Lavand se hace famoso en el mundo con su “lentidigitación”: rutinas con una sola mano, trabajadas con una cadencia extrema y la frase que se vuelve marca registrada: “no se puede hacer más lento”.

Alguien dijo que cuanto más suave es la caricia, más penetra. Yo digo que cuento más lento el movimiento, más profundamente llega.
René Lavand
Su estética se basa en el relato pausado, la repetición mínima y el uso del silencio. Más que un mago que “muestra trucos”, es un contador de historias que deja que la técnica se diluya en la narrativa. Ese tempo lento, casi de sobremesa extendida, dialoga naturalmente con la nueva cultura del vino argentino, que invita a oler, mirar y comentar antes de tragar. Lavand convierte el tiempo en un ingrediente del efecto; el vino hace lo mismo con el placer de beber. [fuente: Alejo de los Reyes – “René Lavand, el verdadero virtuosismo”]

De los bares porteños a las bodegas: formatos compartidos
Mientras las bodegas diseñan experiencias para turistas, en Buenos Aires aparece un formato que une copas y trucos bajo un mismo techo. Hacia 1997 se abre Bar Mágico, presentado por sus creadores como el primer bar temático de magia de Sudamérica. En pocos años se consolida como “el templo de la magia argentina”, con programación estable y un clima de close-up a centímetros de las copas. [fuente: Tango Magic – “Quiénes somos”]
Ese modelo se replica en bares de vinos y vinotecas que empiezan a ofrecer noches especiales donde la carta de vinos se combina con espectáculos de magia, tarot o mentalismo. Hoy no resulta extraño encontrar flyers que promocionan “noche de magia y vinos”, catas con show incluido o eventos de enoturismo donde el mago es parte del paquete, igual que el sommelier y el chef. Redes sociales de bares y bodegas muestran esta convivencia: degustaciones de tres vinos, picada y show de magia o tarot para grupos reducidos, con reserva previa.
Curiosidades
- En 1970, el consumo de vino en Argentina llegó a 91,8 litros por habitante al año; hoy ronda un tercio de esa cifra, pero con un mix mucho más orientado a vinos de calidad. [fuente: INV – serie consumo per cápita]
- La Fiesta Nacional de la Vendimia mendocina fue incluida por National Geographic en un ranking de las diez mejores fiestas de la cosecha del mundo, junto con celebraciones en India, China, Estados Unidos y España. [fuente: National Geographic – Top 10 Harvest Festivals Around the World]
- Hasta 1993, el cultivo de uva para vinificar en provincias como Entre Ríos seguía prohibido. Ese año se aprobó la Ley 24.037, que estableció la “liberación territorial” para la plantación de viñedos: desde entonces, es posible producir y comercializar vino en todo el territorio argentino, no solo en Cuyo y la franja cordillerana. [fuente: La Nación]
- Desde 2022 Bodegas de Argentina impulsó un programa de Magia por los Caminos del Vino con 3 alternativas: «Magia a la carta», «Magia de cerca» y «La historia del vino en una copa». [fuente: Bodegas de Argentina]
Si recién llegás a la serie…
No te pierdas los capítulos anteriores, donde venimos haciendo un recorrido de la historia del vino y de la magia. Acá encontrarás el índice completo.
Lo que viene…
En este capítulo el vino argentino deja atrás la lógica del litro anónimo para convertirse en botella de identidad, mientras la magia criolla se organiza en círculos y escuelas, encuentra bares propios y se cuela en bodegas y vinotecas donde la copa es parte del guión.
Leé también: El futuro de la magia y el vino: brindis final
En el próximo capítulo vamos a movernos a un territorio todavía más extraño: los años 60 y 70, donde psicodelia, tarot de living, espiritismo de barrio y vinos experimentales empiezan a cruzarse en la misma mesa, mezclando cartas, cartas natales y etiquetas.
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@magiayvino | El arte de brindar con ilusión
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Vengo del mundo IT y encontré en el vino una forma de contar historias, descubrir lugares y compartir experiencias. Me capacité en C.A.V.E. y desde El Vino del Mes escribo sobre vino argentino con una mirada cercana y curiosa. También soy ilusionista, creador de #MagiayVino (@magiayvino), guitarrista y miembro fundador AWB.

