El rol de la mujer en la magia y el vino

Históricamente, la firma en la etiqueta y el nombre en el cartel fueron territorio de hombres, pero el asombro y el vino siempre tuvieron huella femenina. Este capítulo explora esa visibilidad tardía: de las pioneras que operaron en los márgenes a las protagonistas que hoy definen el mapa de la magia y la vitivinicultura en Argentina y el mundo. Una historia de autoría, talento y el fin de los secretos bien guardados.

Magia y Vino a través del tiempo – Cap. 42

Si repasamos los libros clásicos de ilusionismo o las crónicas de las grandes bodegas europeas, los nombres que flotan en la superficie suelen ser masculinos. Sin embargo, debajo de ese relato oficial, las mujeres siempre estuvieron moviendo los hilos. No aparecieron por arte de magia ni desembarcaron tarde en la industria; estuvieron ahí, trabajando el suelo y el escenario, tomando decisiones críticas y perfeccionando el pase, incluso cuando el aplauso o la gloria terminaban en manos ajenas.

En el vino, su presencia apareció durante años ligada a la familia, a la hospitalidad o a la continuidad de una casa. En la magia, pasó algo parecido: se las veía, claro, pero no siempre se las nombraba como creadoras del asombro. Por eso, más que una historia de ausencia, esta es una historia de visibilidad tardía.

Lo interesante de mirar este tema hoy no es “agregar mujeres” a un relato que antes se contaba incompleto. Lo interesante es entender que tanto el vino como la magia también fueron tomando forma con ellas adentro. A veces desde el centro, a veces desde un costado. A veces con cartel propio, y otras no tanto.

De eso quiero hablar en este capítulo: de las mujeres que dejaron marca en estos dos mundos, de las que abrieron camino, de las que ayudaron a cambiar la manera de hacer, de servir, de contar y de mirar. Porque cuando se empieza a seguir esos nombres, el mapa cambia. Y bastante.

Mujeres que cambiaron la historia del vino en el mundo

Sin dudas, Madame Clicquot fue una de esas mujeres que demostraron que el vino no era sólo una tradición heredada, sino también un terreno donde una visión decidida podía cambiarlo todo. No voy a detenerme demasiado en su historia porque ya la recorrí en el Capítulo 17, “Revoluciones”, pero su nombre vuelve a aparecer acá por una razón simple: cuando se habla del lugar de la mujer en el mundo del vino, sigue siendo una referencia imposible de esquivar.

A partir de ahí, el mapa se abre. Jeanne Alexandrine Louise Pommery, más conocida como Madame Pommery, ayudó a consolidar una idea de Champagne ligada a la calidad y a un estilo más seco que marcaría época. Más tarde, Lily Bollinger encarnó otra forma de liderazgo: visible, pública, con identidad propia y peso real dentro de una gran maison (casa).

La historia cambió todavía más cuando la mujer empezó a conquistar legitimidad técnica en espacios donde antes casi no figuraba. Sarah Morphew Stephen fue la primera mujer en obtener el título de Master of Wine en 1970. Después, Jancis Robinson, periodista, escritora y Master of Wine, mostró que esa autoridad también podía afirmarse desde la crítica, la educación y la palabra. Y fuera de Europa, nombres como MaryAnn Graf, primera mujer enóloga de la era moderna en California, confirmaron que ese avance no era un caso aislado, sino parte de una transformación más amplia.

Ahí aparece algo importante: el avance existió, pero no fue lineal ni completo. La igualdad no cayó del cielo. Hubo que abrirse paso en espacios donde la tradición, la firma y el prestigio ya tenían dueño.

La copa también interpreta

A veces se habla del vino como si todo terminara en la viña o en la bodega. Pero no. El vino también se juega en la mesa, en el servicio, en la explicación, en la recomendación y en la forma de volver memorable una botella. Ahí la mujer encontró otro espacio decisivo: la sommellerie.

Pascaline Lepeltier
Pascaline Lepeltier – Foto: Wine Scholar Guild

Me gusta pensar que, si la enología transforma la uva en vino, la sommellerie transforma el vino en experiencia compartida. No porque invente lo que hay en la copa, sino porque le da lenguaje, contexto y sentido de ocasión. También ordena, traduce y vuelve cercano un mundo que a veces puede parecer lejano o demasiado técnico.

Ese terreno fue ganando cada vez más peso dentro de la cultura del vino. Ya no se trata sólo de servir bien, sino de interpretar, comunicar y construir criterio. Por eso nombres como el de Pascaline Lepeltier, distinguida en Francia en uno de los máximos niveles de excelencia profesional, ayudan a mostrar que la autoridad femenina también se afirmó en el salón, en la cata y en la palabra. La mujer no sólo empezó a hacer vino: también empezó a explicar mejor cómo beberlo, cómo leerlo y cómo recordarlo.

La Argentina del vino: de la excepción al protagonismo

Si ahora ponemos el foco en el vino argentino, hay un nombre que es una bisagra inevitable: Susana Balbo. Fue la primera mujer enóloga del país y su recorrido ayudó a romper una barrera muy concreta en una industria dominada durante décadas por varones. Su historia importa no sólo por haber sido la primera, sino porque convirtió esa irrupción inicial en una trayectoria de peso real.

Susana Balbo – Foto: Wines of Argentina

Otra figura clave es Laura Catena, que combina ciencia, gestión, comunicación y construcción cultural. Su perfil ayuda a entender un cambio de época: la mujer no sólo ganó espacio en la bodega, sino también en la investigación, en la defensa del origen y en la manera de contarle al mundo qué hace singular a un vino argentino.

Laura Catena
Laura Catena – Foto: Clarín

La otra gran pata de esa transformación fue la sommellerie. Pero como ese recorrido ya lo transitamos con más detalle en el capítulo 32, “Magia callejera y sommeliers emergentes”, solamente lo refresco, agregando un dato no menor: Marina Gayán, es la primera y hasta hoy única argentina en obtener el título de Master of Wine, lo que representa una autoridad técnica de enorme peso. A su lado, Paz Levinson y Valeria Gamper llevaron la sommellerie argentina a la cima, mientras nombres como Marina Beltrame, Flavia Rizzuto, Agustina de Alba y Andrea Donadio ayudan a mostrar que ya no hablamos de casos aislados, sino de una escena amplia, sólida y visible.

Redes, estructura y un cambio de época

El crecimiento de la presencia femenina en el vino no se explica sólo por biografías extraordinarias. También aparecen redes, programas e instituciones que le dan cuerpo a ese cambio. A escala global, una referencia clara es Women of the Vine & Spirits, una organización que trabaja sobre mentoría, desarrollo profesional, visibilidad y comunidad dentro de la industria.

En la Argentina, ese movimiento también tuvo una traducción concreta. Wines of Argentina (WofA) impulsó Women of Argentina, y dentro de ese proceso la figura de Magdalena “Maggy” Pesce, CEO de WofA, resulta central. Su nombre quedó asociado a una agenda que no pasa sólo por la representación simbólica, sino también por la construcción de oportunidades, liderazgo y transformación sectorial.

Dicho de otro modo: el tema dejó de ser excepcional. Ya no se trata sólo de celebrar nombres propios, sino de entender que el vino empezó a construir estructuras para que esos recorridos no sean milagrosos, sino cada vez más normales.

Mujeres que cambiaron la historia de la magia en el mundo

En la magia, el recorrido fue distinto, pero la tensión de fondo se parece bastante. Durante mucho tiempo, la mujer estuvo muy presente en el escenario, aunque no necesariamente como protagonista reconocida del arte. Era visible, sí, pero no siempre dueña del centro.

Por eso una figura como Adelaide Herrmann resulta tan poderosa. Primero fue partenaire de Alexander Herrmann y luego, tras la muerte de su marido, construyó una carrera solista enorme que la convirtió en la célebre “Queen of Magic”. En ella se ve con claridad ese pasaje que quiero resaltar: de estar dentro del efecto a quedarse con el nombre del cartel.

Adelaide Herrmann ejecutando «La Bella Durmiente» en 1903 – Foto: Wikipedia

Ya en el siglo XX, otro nombre fuerte es el de Dell O’Dell  (1897-1962), seudónimo de Odella Newton, fue una destacada maga estadounidense, pionera en la televisión y artista de vodevil. Conocida también como «La reina de la magia», fue una de las primeras magas en tener su propio programa de televisión en 1951 y una de las pocas mujeres en dirigir su propio circo en los años 20. Su figura nos permite mostrar que la mujer no sólo ganó espacio en el escenario tradicional, sino también en los medios masivos. Había personaje, manejo escénico, humor y una idea muy clara de cómo ocupar un medio nuevo.

Compilado de videos de Dell O’Dell en Magicana.ca
Izq.: Raymond | Der.: Sophie

Más cerca de nuestro tiempo, la historia de Sophie Lloyd muestra con bastante claridad cómo funcionaban ciertas barreras dentro de la magia. En los años 90, logró ingresar al prestigioso The Magic Circle de Londres presentándose como hombre, bajo el nombre de Raymond Lloyd. Cuando se supo que en realidad era una mujer, fue expulsada. Años después, la institución terminó pidiéndole disculpas y readmitiéndola. El episodio es tan simple como contundente: durante mucho tiempo, no era el talento lo que estaba en discusión, sino quién tenía permitido ocupar ese lugar. [fuente: BBC]

A esa línea se suman figuras como Fay Presto, Katherine Mills, Laura London y Megan Swann, asociadas a un momento en el que la mujer empezó a ganar visibilidad también dentro de instituciones históricas del ambiente mágico. No es un detalle menor. La escena importa, pero el reconocimiento institucional también define quién entra en la historia.

Fay, Katherine, Laura y Megan

FISM, premios y reconocimiento

En FISM, el gran campeonato mundial del ilusionismo, la competencia no está organizada por género sino por disciplinas. Eso ya dice bastante. El problema histórico no fue la falta de una categoría especial para mujeres, sino cuánto tardó el ambiente en premiarlas dentro de las categorías centrales del arte.

Por eso un nombre como Juliana Chen resulta tan relevante. Su irrupción funciona como hito porque muestra el momento en que una mujer logra quedarse con un reconocimiento mayor en la gran vidriera mundial de la magia (1er premio de Manipulación en FISM 1997). Ahí ya no hay excusas posibles ni rincón paralelo. Hay talento reconocido en el corazón mismo de la competencia.

Con Juliana Chen y Kevin James en Desert Magic Seminar – Las Vegas 1998

Más cerca del presente, aparece Léa Kyle, que volvió a poner un nombre femenino en lo más alto de una categoría central. Entre una y otra hay casi tres décadas. Apreciar ese arco es interesante porque muestra que el reconocimiento femenino en la magia internacional creció, aunque lentamente y no sin resistencia.

La magia argentina, entre la escena y la memoria

En la Argentina, la historia de las mujeres en la magia no siempre quedó tan prolijamente ordenada como la del vino. Hay menos canon, menos bibliografía difundida y más memoria dispersa. Pero eso no quiere decir que no existan nombres importantes. Al contrario: a veces obliga a prestar más atención.

Uno de esos nombres es Delia Kamia, seudónimo de Delia Ingenieros. Su figura aparece ligada a la magia porteña de mediados del siglo XX y, sobre todo, a un gesto que para este capítulo vale muchísimo: dejó un libro, Memorias de una maga. Que una maga argentina de esa época haya dejado también escritura propia no es un detalle menor. Es casi una declaración de presencia. Y acá, para mí, la historia deja de ser solamente general.

El libro que llegó a casa

Mi madre, que fue maestra y luego bancaria, guardaba en su pasado una experiencia inesperada: había sido ayudante de Héctor Carrión, un nombre fundamental de nuestra magia. Cuando ella dejó esa etapa, Carrión le regaló un ejemplar de Memorias de una maga, de Delia Kamia.

Durante toda mi infancia, vi ese libro apoyado en la biblioteca de nuestra casa en la calle Saraza. En aquel entonces era un objeto silencioso, una espina dorsal más entre tantos títulos que no me interesaba consultar. Lo curioso es que, años después, cuando la magia finalmente me llamó a su puerta, el libro ya había empezado su propio truco de escape.

Entre mudanzas y cajas cerradas, le perdí el rastro. Tras el fallecimiento de mi madre, lo busqué con la urgencia de quien intenta recuperar un hilo de la historia familiar, pero el ejemplar nunca apareció. A veces, los libros de magia eligen el momento exacto para desvanecerse, recordándonos que hay legados que no se guardan en el papel, sino en la memoria de los gestos.

La escena actual también habla

El presente argentino deja señales claras de una transición definitiva: el paso de la partenaire a la protagonista. Como explica una nota de Pablo Raimondi para Clarín, la magia dejó de ser «un club de hombres» para abrirse a una generación que ya no acepta el rol de decorado. Figuras como Dolly Kent, que fusiona el ilusionismo con la danza y el lenguaje del circo, o Maga Caro, con su técnica refinada en cartomagia, lideran este cambio. A ellas se suman Mágica Rocío y Maga Morgana, quienes representan una estética y un lenguaje propios, alejados de los viejos clichés de lentejuelas y redes.

Esta transformación no fue gratuita; exigió derribar prejuicios sobre la capacidad técnica femenina. Sobre esos inicios y el peso de la mirada ajena, Dolly Kent es categórica:

«Cuando empecé, me preguntaban de quién era la mujer o de quién era la hija; no concebían que una mujer sola pudiera ser maga»

Dolly Kent para entrevista de Clarín – 2017

Hoy, ese asombro ya no se cuestiona. Nombres como Maga Abril confirman que la presencia femenina en la magia argentina ya no es una curiosidad de cartel, sino una realidad sólida. Cada una, desde su estilo, ayuda a que el género sea lo que siempre debió ser: una herramienta de asombro que no entiende de distinciones, sino de talento y oficio.

Caro, Rocío, Morgana y Abril

Lo que une a ambos mundos

A esta altura, lo más interesante no es discutir si la mujer estuvo, sino qué pasó cuando empezó a firmar con nombre propio. En el vino, su llegada al centro cambió la interpretación y la hospitalidad; en la magia, permitió que el asombro dejara de ser un club de hombres para volverse una expresión de identidad.

Un hallazgo histórico condensa perfectamente este cruce: el acto de la maga Mademoiselle Margo, conocida por su «Glass Jug Mystery». Mientras los ilusionistas varones solían usar botellas opacas, ella utilizaba una jarra de cristal transparente —un objeto puramente de servicio y mesa— para transformar el agua en distintos vinos a la vista de todos. Era la alquimia del brindis convertida en autoría y elegancia femenina.

Al ocupar estos espacios con visibilidad, las mujeres no solo sumaron nombres a una lista, sino que ensancharon la manera de habitar estos oficios. Cambiaron la técnica por el estilo, la ejecución por la lectura del otro y, sobre todo, completaron un relato que durante siglos se había contado a medias.

Curiosidades

  • La etiqueta de Catena Zapata Malbec Argentino resume parte de la historia de la cepa a través de cuatro figuras femeninas: Leonor de Aquitania, la Inmigrante, Phylloxera y Adrianna Catena. A Leonor ya la había trabajado con más detalle en el capítulo 10. [fuente: Catena Zapata]
  • The Magic Circle recién admitió oficialmente mujeres en 1991. Durante más de ochenta años, una de las instituciones más emblemáticas de la magia funcionó como club exclusivamente masculino. [fuente: The Magic Circle]
  • Juliana Chen fue la primera mujer en ganar un gran título en FISM con un acto solista. Habían pasado 50 años hasta que se premió a una mujer. Ese hito le dio a la historia de la magia un punto de apoyo concreto, no sólo simbólico. [fuente: Genii Magazine]
  • Hannah Weinberger fue la única vitivinicultora de California premiada en la Exposición Universal de París de 1889. Ese dato la convirtió en una figura pionera mucho antes de que la historia del vino empezara a hablar más abiertamente del rol de las mujeres. [fuente: Wine Enthusiast]

Si recién llegás a la serie…

No te pierdas los capítulos anteriores, donde venimos haciendo un recorrido de la historia del vino y de la magia. Acá encontrarás el índice completo.

Lo que viene…

En el próximo capítulo, la serie vuelve a ese territorio donde el vino y la magia no sólo se muestran: también se viven. Porque si algo comparten estos dos mundos, además de historia y símbolo, es su capacidad de convertirse en experiencia. Y ahí, entre ritual, percepción y memoria, todavía queda mucho por brindar.

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@magiayvino | El arte de brindar con ilusión

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