Fallos y errores en la magia y el vino
Durante mucho tiempo admiré del vino y de la magia su capacidad de generar belleza, sorpresa y placer. Con el tiempo empecé a admirar otra cosa también: la manera en que ambos resisten el error. Porque cuando un proceso se desvía, una expectativa se rompe o una situación obliga a cambiar de rumbo, ya no alcanza con la técnica sola. Hace falta criterio, experiencia, calma y una cuota de creatividad. Este capítulo entra justamente en ese territorio: el de los fallos, los errores y los planes B.
Magia y Vino a través del tiempo – Cap. 44
En el final del capítulo 43 prometí entrar en una zona menos idealizada: la de los errores, los desvíos y los planes B. Y me gusta que sea así, porque tanto una cata como una rutina suelen verse mejor desde afuera que desde adentro. Desde afuera parece que todo fluye. Desde adentro, en cambio, hay tiempo, ensayo, control, lectura del contexto y una cantidad enorme de decisiones para que la mesa o el público no vean la costura.
En el vino y en la magia, el error no sólo arruina: también revela. Revela cuánto dependía todo de una temperatura bien llevada, de una levadura sana, de una botella bien conservada, de una atención bien guiada o de un ritmo bien administrado. Hay una frase de Teller que me gusta mucho: «Sometimes magic is just someone spending more time on something than anyone else might reasonably expect». En criollo: muchas veces llamamos magia a una cantidad de trabajo que el público ni se imagina. [fuente: Esquire]
En la viña, muchos problemas empiezan con decisiones mal tomadas
En la viña, los problemas no siempre llegan de afuera. Muchas veces empiezan con decisiones mal tomadas. Una poda mal resuelta puede dejar la planta pasada o corta de carga; un riego mal llevado puede empujar exceso de vigor o estrés; un follaje desordenado quita aire y luz; y si además se llega tarde con labores como el desbrote, el deshoje o el raleo, el viñedo empieza a pagar varias cuentas al mismo tiempo. Los técnicos del INTA recuerdan que el tipo de poda, el raleo, las operaciones en verde, la fertilización y el manejo del riego influyen directamente en la madurez de la uva y en su potencial de calidad, y también advierte que un despunte demasiado temprano puede exponer los racimos a insolación, mientras que una mejor circulación de aire ayuda a reducir enfermedades. [fuente: INTA]

Lo interesante, para este capítulo, es que el plan B en la viña rara vez tiene algo de espectacular. Casi siempre consiste en corregir a tiempo: revisar la carga, ordenar el follaje, ajustar el riego, sanear madera enferma o sacar restos de poda antes de que el problema crezca. INTA incluso recomienda retirar la madera muerta y los restos de poda de la parcela para no sumar focos sanitarios. En otras palabras, en la viña el oficio no está sólo en hacer las cosas bien cuando todo viene derecho, sino en leer rápido cuándo una decisión se fue de eje y corregir antes de que esa falla llegue a la uva. [fuente: Guía de Buenas Prácticas Agrícolas en el Viñedo]
En bodega, el enemigo puede ser invisible
Si en la viña el problema suele entrar por el cielo, en bodega muchas veces entra por lo microscópico. En una nota que publiqué sobre microbiología y pérdidas enológicas aparecía una definición excelente de Germán Gonzalez Riachi: “El vino es un producto vivo, y su elaboración, un delicado equilibrio biológico”. La frase me sigue pareciendo muy precisa, porque corre al vino de cualquier romanticismo vacío y lo devuelve a su verdad material: cuando ese equilibrio se rompe, el error aparece.

Y no siempre aparece con estruendo. A veces se insinúa en una fermentación que se enlentece, en una población de levaduras que no responde como debería o en microorganismos contaminantes que empiezan a ganar terreno.
A eso se suma otro clásico de bodega: la temperatura. Cuando una fermentación se desordena, el margen para reaccionar se achica. Por eso, más que hablar de tecnicismos, lo importante es entender la idea de fondo: medir a tiempo, controlar el proceso y corregir con criterio. En Argentina, además, la reglamentación permite usar nutrientes de fermentación autorizados cuando hace falta ayudar a las levaduras a completar bien su trabajo. [fuente: INV]
Ahí aparece, para mí, una de las claves: el oficio no está sólo en hacer las cosas bien cuando todo viene derecho, sino también en saber reaccionar cuando algo empieza a torcerse.
Defectos del vino: cuando el problema ya llegó a la copa
Hay otra familia de errores más cercana a cualquier de nosotros: la que aparece cuando la botella ya está abierta, o justo en el momento de abrirla. Ahí entran desde un corcho que se rompe hasta un vino que ya da señales claras de que algo no está bien. Y me interesa este punto porque muestra algo muy concreto: no todos los problemas son iguales, ni todos se resuelven de la misma manera.

En una nota que publiqué hace tiempo contaba qué hacer cuando se rompe el corcho. La salida, en ese caso, no pasa por dramatizar, sino por resolver bien: servir el vino lentamente, usar un decantador y, si hace falta, filtrar para evitar que los restos arruinen la copa. Es un buen ejemplo de plan B sencillo y eficaz.
Distinto es el caso de un vino realmente defectuoso. En otra nota del blog, a partir de un seminario sobre defectos, repasé dos casos clásicos: el TCA, asociado a aromas de cartón o diario mojado, hongos o humedad, y la oxidación, que hace que el vino pierda frescura, brillo y expresión. Ahí conviene hacer una distinción importante: que un corcho se parta no significa, por sí solo, que el vino esté arruinado. WSET también marca esa diferencia: una cosa es encontrar pedacitos de corcho en la botella y otra, muy distinta, es que el vino esté verdaderamente “acorchado”. [fuente: WSET]
Y después están los casos más traicioneros, los que nacen antes pero recién se hacen evidentes en la copa. Ahí aparece Brettanomyces, con esas notas que suelen describirse como cuero, caballeriza o sudor animal. Es un buen recordatorio de que algunos problemas del vino no entran por la vista, sino por la nariz, y que muchas veces cuando el consumidor los detecta, el desvío ya venía de antes. [fuente: R-Biopharm]
En magia, el error no siempre es la técnica
Con la magia pasa algo parecido, aunque a primera vista parezca más liviano. A veces se cree que una rutina falla porque “salió mal la mano”. Pero una investigación sobre misdirection muestra algo bastante más rico: el mago no trabaja sólo con dedos, trabaja con atención, memoria y expectativa del público. Otro artículo académico sobre taxonomía psicológica de la misdirection la define justamente como un conjunto de técnicas que manipulan la atención, el pensamiento y la memoria del espectador. En los mismo, se evidencia que los magos desarrollaron numerosas estrategias para conducir la atención de la audiencia y ocultar acciones que, de otro modo, resultarían obvias.

Por eso, cuando un efecto se rompe, no siempre se rompió la técnica. Quizás se rompió el timing. O tal vez la lectura del espectador. A veces el problema no es fallar una técnica, sino la cara que puso el performer después. A veces el error no mata el efecto; lo mata el segundo de pánico. Y a veces el espectador que no actúa según lo esperado, adrede o por distracción, no arruina nada si el artista tiene aire, estructura y una salida escénica para reconducir. El plan B, en magia, muchas veces no es “otro truco”: es otra conducción.
Eso está muy en línea con un estudio sobre expertise entre magos profesionales. Allí se señala que las performances deben estar parcialmente guionadas y controladas, pero en combinación con improvisación situacional. El mismo trabajo remarca que la experiencia acumulada es decisiva para resolver obstáculos inesperados y adaptarse a audiencias distintas sin que el público note que algo se desacomodó. El plan B no empieza después del error; empieza bastante antes, en el modo de construir la rutina.
El plan B también se ensaya
Y ese margen de maniobra no aparece de la nada. Se construye antes. Por eso cabe citar a Maskelyne y Devant, que en Our Magic —libro que comenté en el capítulo anterior— ya pensaban la magia como arte, teoría y práctica, no como simple colección de secretos. En esa misma línea, impresiona saber que Juan Tamariz llegó a trabajar durante más de treinta años en algunos juegos antes de darlos por terminados. El dato sirve para recordar algo bastante simple y bastante importante: el mejor antídoto contra el fallo no es la soberbia, sino la elaboración paciente. [fuente: PMC]

Si quiero bajar esa idea a una figura más cercana, nada mejor que citar a René Lavand. En La mano mágica, Norberto Jansenson recoge una frase tremenda que René le responde sobre su propia rutina de cierre:
¿Eso solo querés, nomás? ¿Aprender, el primer día, la rutina con la que cierro todos mis espectáculos, y que me llevó treinta años de trabajo?
En otro momento del libro aparece igual de claro hasta qué punto seguía corrigiendo: “Encontré la solución a un problema que me dio dolor de cabeza durante quince años”. Ahí, se puede entender que el plan B no es sólo improvisar bien cuando algo se rompe; también es haber trabajado tanto una técnica, una salida o una estructura que, cuando llega el tropiezo, todavía queda margen para sostener la ilusión.
Curiosidades
- El viejo pingüino también puede ser un plan B. Si no hay decanter a mano, el tradicional pingüino —o cualquier jarra de vidrio o cerámica— puede servir para airear un vino venido a menos. La clave no es “sacudirlo”, sino trasvasarlo con calma para darle aire sin castigarlo de más. [fuente: Borderío]
- A veces el rescate no está en la botella, sino en el plato. Hay un viejo refrán de la época del vino a granel: “Compra vinos con manzanas y véndelos con queso”. La lógica era simple: ciertos quesos curados y grasos podían ayudar a disimular defectos de un vino. [fuente: Diario de León]
- Cuando el espectador participa, puede ver menos, no más. Cuando un espectador está activamente involucrado en un juego, se le escapan más movimientos evidentes que a quien sólo observa. Es decir: la participación también puede ser misdirection. [fuente: PMC]
- Muchos magos hacen la autopsia del show apenas bajan del escenario. Hay magos que apenas terminan un show suelen repasar muy rápido qué funcionó, qué no, qué error apareció y qué habría que corregir para la próxima. Es decir: el plan B no termina cuando se salva la rutina; también sigue en el análisis que viene después. [fuente: PMC]
Si recién llegás a la serie…
No te pierdas los capítulos anteriores, donde venimos haciendo un recorrido de la historia del vino y de la magia. Acá encontrarás el índice completo.
Lo que viene…
Después de meternos en esta cocina del error, el próximo paso sale casi solo: mirar qué herramientas nuevas prometen anticiparse a esos problemas, medirlos mejor o incluso evitarlos. En el próximo capítulo voy a entrar en apps, inteligencia artificial y vinos del futuro. Porque si acá vimos cómo se resuelve cuando algo falla, ahí tocará pensar qué pasa cuando la tecnología promete ayudarnos a que falle menos.
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@magiayvino | El arte de brindar con ilusión
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Vengo del mundo IT y encontré en el vino una forma de contar historias, descubrir lugares y compartir experiencias. Me capacité en C.A.V.E. y desde El Vino del Mes escribo sobre vino argentino con una mirada cercana y curiosa. También soy ilusionista, creador de #MagiayVino (@magiayvino), guitarrista y miembro fundador AWB.
